Cara de pan

Título: Cara de pan
Publicación:
Temática: Realismo
Páginas: 136
Autora: Sara Mesa
Puntuación: 8,5 /10

Sinopsis: “La primera vez la coge tan desprevenida que se sobresalta al verlo”. “El encuentro se produce en un parque. Ella es Casi, una adolescente de “casi” catorce años; él, el Viejo, tiene muchos más”.

Llevaba tiempo queriendo leer Cara de pan. Formó parte de una lista que hicimos en este mismo blog, Vicente y yo, sobre libros pendientes a leer en vacaciones. Me habían hablado muy bien de él, se parece a Lolita, me dijeron, pero al revés, en este caso es la niña la que va detrás del adulto.

Me hice ilusiones, el primer error, lo asumo. No se puede acceder a un libro con las expectitivas muy altas, porque la caída puede ser muy dolorosa. En este caso, no es que haya habido caída, pero sí una pizca de decepción. Cara de pan no es Lolita, ni al revés, ni al derecho. Y Sara Mesa no es Nabokov. Partiendo de esa base, y dejando a un lado todo que yo esperaba, el libro me ha gustado.

Se centra en la historia de dos personajes: Casi, una niña de trece años, y Viejo, un señor de 54. Se encuentran un día por casualidad en un parque, y a partir de aquí, la autora, nos narra la relación que se va estableciendo entre los dos, a la vez que conocemos detalles de su pasado y presente. Son personajes muy complejos, que no acaban de encajar en el entorno preestablecido para ellos: el mundo de la preadolescencia, en el caso de Casi, y el de la adultez, en el caso del Viejo. Aparentemente son dos personalidades que no encajan, pero en el fondo, la incomprensión que sienten frente a lo establecido, así como las ansias de libertad, soledad y aprendizaje, les unen.

Es una historia de amistad, que nos hace reflexionar acerca de los prejuicios que hacemos de las relaciones personales, y las inseguridades que mostramos a la hora de abrirnos a los demás. También habla de injusticia, de bullying, de desprecio a lo diferente, a lo inusual.

La narrativa de la autora es suave a ratos, brusca, a veces. Juega al desconcierto, al despiste, nos muestra la ingenuidad de los personajes, y nos esboza sus deseos más animales, más locos, menos convencionales.

Me la he comido, literalmente, apenas he tardado cuatro horas. Y la recomendaría, sin pensarlo dos veces, pero sin comparaciones. Sara Mesa es una escritora que poco o nada tiene que ver con el autor ruso, ni falta que hace. Por si misma, la obra tiene contenido, está bien hilada, es interesante y tiene un final coherente. No necesita de similitudes para ser vendida, dejad de hacerlo, por favor, que cada uno brille por sí mismo.


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