Cuando éramos ángeles

Título: Cuando éramos ángeles
Publicación: 2016
Temática: Realismo / Suspense
Páginas: 249
Autora: Beatriz Rodríguez
Puntuación: 4

Sinopsis: Clara dirige un periódico comarcal en Fuentegrande, un pueblo al que se traslada atraída por la vida tranquila del valle. La aparición del cadáver de Fran Borrego, dueño de una gran parte de las tierras del lugar, la simerge en una sociedad repleta de envidias, intrigas y secretos fraguados en la década de los noventa, cuando Fran y sus amigos no eran más que unos adolescentes.

Me siento un poco estafada, no os lo voy a negar. Yo esperaba una novela de intriga y me he topado con una coral, de ambiente realista. La decepción no es una buena forma de empezar a leer, pero una vez superado el primer golpe, pensé: bien, disfrutaré de una novela coral de ambiente realista. Pero ni era tan realista, ni tenia la profundidad necesaria para llamarla novela coral, así que avanzo, no me ha quedado un buen regustito de boca.

La historia empieza con la muerte de Fran Borrego, un hombre que posee la mayoría de las tierras de un pueblo de montaña llamado Fuentegrande. La periodista del periódico comarcal, Clara, intenterá averiguar quién ha sido el asesino de Fran, así como de descubrir los trapos sucios de algunos vecinos del pueblo.

Clara es un personaje que nos sirve de cámara, con ella podemos observar la realidad del presente, desde la perspectiva de un observador- analítico. Intercalados a estos capítulos presentes, hay pequeñas historias del pasado de los vecinos del pueblo: Chavela, la mujer que tiene el bar y su hija María; Celestino y Ángel, los polícias; Eugenia, una chica de ciudad que va al pueblo a veranear; así como algunas amistades de Fran, su familia y el propio fallecido. Gracias a esta combinación de pasado y presente, podemos comprender a los personajes que aparecen, su comportamiento y los posibles motivos que podrían haberles llevado a asesinar al señor de las tierras.

El pretexto es interesante, pero la realización, flojita. Los personajes son bastante planos. Ninguno evoluciona, ni siquiera madura, con el paso de los años. Fran siempre ha sido un señorito engreído, Eugenia siempre la urbanita guapa y creída, María siempre ha ido por detrás de los demás, cuidando de los suyos… Siempre igual, los golpes, las vivencias, la propia edad, nada ha conseguido hacer reflexionar a estos personajes que parecen paralizados en el espacio temporal y movidos por las mismas inquietudes y rencores.

El ritmo de la novela, por otra parte, es muy lento. Hay escenas que sobran, las picantes entre Clara y Fernando, por ejemplo. No aportan ningún tipo de  información ni acerca de los vecinos del pueblo, ni de Clara; es un recurso  flojo y escogido con pinzas que emplea la autora para justificar que la periodista obtenga datos acerca de la repartición de unos bienes; datos que se podrían haber obtenido de algún otro modo, sin necesidad de introducir capítulos de folleteo gratuïto.

Tampoco podemos dejar de lado, la obsesión que tiene la autora por la gastronomía del pueblo. Entiendo que utiliza las descripciones detalladas de algunos platos para provocar algunas sensaciones, para crear metáforas acerca del ambiente y el gusto de algunas situaciones. Pero, realmente, no consigue ese efecto, o por lo menos, no en la mayoría de los casos. Os pongo un ejemplo, imaginad que estáis haciendo el amor en una pica, con un chico/a que os parece realmente atractivo y con el que tenéis mucha química, ¿qué plato os vendría a la cabeza? A mí, no sé, algo refrescante, con burbujas, tal vez algún sabor dulce. Pues Beatriz Rodríguez, señores y señoras, utiliza un par de párrafos para hablarnos de una salsa de almendras y ajo. Besitos de ajo, eso sí que es sexy y morboso. No sé si no he podido comprender sus motivos, o si, realmente, se ha dejado llevar por sus preferencias gastronomicas y ha decidido meter páginas y páginas de recetas detalladas, a cuál más fuerte y potente.

Por cierto, si descubrís, exactamente, quién es el asesino, decídmelo. Porque intuir, bueno, se deja intuir, ahora, relevancia para la escritora no tiene, y no tiene la decencia de decírnoslo claramente, a pesar de haberle leído un libro de recetas.

A mí me ha entrado hambre, y no de leerla, así que me voy a comer un poquito de queso.

 

 


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