Especial: Angélica Liddell

Para este especial me he visto en la obligación de haceros un análisis teatral de Angélica Liddell.  Obligación suena muy autoritario, pero es así. Pocas veces hablamos de teatro, es un genero literario que, apenas consume la sociedad de hoy en día. Tenía claro que quería leer alguna obra teatral, daros a conocer otra cara de la literatura, mostraros que hay cosas muy interesantes para leer que no son necesariamente una novela o una obra poética “estándar”.

¿Por qué Angélica Liddell? Destino y azar forzado. Os explico. Shakespeare me da bostezos. Ya lo conocéis, ¿para qué voy a analizarlo? Ya habréis suspirado, al menos una vez, por Romeo y Julieta. Tal vez, hayáis visto alguna adaptación cinematográfica. Y como mínimo os sonará aquello de: “Ser o no ser, esa es la cuestión”. No es que se pueda resumir toda la obra teatral de Shakespeare en dos únicas piezas, ni que todo sean balcones, venenos y el verbo copulativo en infinitivo. Pero daros a conocer lo conocido, no me motiva. No por lo menos en una sección especial. Y de las mujeres, se habla tan poco. Aun en siglo XXI, de manera constante, hacemos muchas más referencias a autores masculinos que a femeninos. Llamémoslo costumbre, invisibilidad o X. La cuestión, es que estaba yo navegando por la red  en busca de un contemporáneo que hiciera teatro y me salió Angélica Liddell. Y pensé: “¿Por qué no? Como este azar forzado no era suficiente, al ir a la biblioteca, me dieron por error, una recopilación de 4 obras teatrales de la autora llamada Tríptico de la Aflicción. Así que, gracias a D y A, me dispongo a haceros un análisis de las cuatro obras.

¡Parad el carro! No os asustéis, vamos a jugar juntos. Esto no es una clase magistral. Por favor, NO SOMOS LA ACADEMIA. Poneros un gorrito detectivesco, una lupa entre las manos, que vamos a buscar en unas cuantas páginas la magia de Angélica Liddell. Hoy no vamos a reseñar, ni a criticar, vamos a analizar. A coger cada letra y a clasificarla como si buscáramos una prueba, un error o simplemente, un placer, ¿preparados?

FASE 1:

-PONERSE UN CHALECO SALVAVIDAS, AL PARECER, HAY BALAS, DOLOR Y RABIA-

Angélica Liddell es una actriz, dramaturga y directora de teatro catalana. Lo demás, en realidad, no importa. Así que dejad a un lado vuestras ansias de conocer el pasado o presente turbio de la escritora. Hay una necesidad repetida y, en mi opinión, absurda, de conocer los traumas, amoríos, desgracias o felicidad de la persona que escribe alguna cosa. No sé si en la posteridad, compartiremos algunos análisis más juntos. Hoy por hoy, he dicho que seáis detectives literarios, no periodistas del corazón, así que, vamos a limitar los conocimientos de la autora en frases que ella misma ha dicho para resumir su obra y su percepción vital.

¿Por qué? Con el objetivo de empatizar más con su visión del mundo y para poder adentrarse con más facilidad a sus obras ficticias. Seguramente, encontramos relaciones estrechas entre sus pensamientos y las obras que crea, son elementos que suelen ir muy hilados.

Bien, primer pensamiento: Ponerse un chaleco antibalas.  Angélica “en vez de disparar a alguien, escribe”. No me miréis con esa cara, que ella no es la única autora que relaciona las balas con las palabras, de hecho, hay muchos autores, anteriores a ella, que ya hacen referencias explicitas entre una palabra y un disparo. Es importante que tengáis esta percepción clara, porque, es cierto que las palabras duelen más que un dolor físico. Y que, no hay arma más peligrosa que una boca hablando o que unos dedos tecleando cualquier frase.

Segundo pensamiento: “La única representación posible del dolor es el informe puro”[1]. Sobre esta reflexión se podrían extraer diferentes conclusiones, todas, posiblemente, igual de válidas. Habiendo leído a la autora, considero que emplea la escritura y el arte escénico para volcar toda su rabia y sus creencias existenciales sobre la vida, la muerte, el significado de los sentimientos… Todos estos pensamientos que tienen una conexión entre sí y que son, a su vez, complejos de comprender por separado, me dan a entender que el dolor es la musa que empuja a Angélica a escribir. Es el dolor la causa, y el texto o el informe puro, la consecuencia.

El último pensamiento que me gustaría destacar y que está, como he dicho, relacionado con el anterior es: “En el fondo, el teatro no existe. Existen las aspiraciones artísticas. O deberían de existir. El objetivo es el arte. Y hay que cumplir el objetivo con rabia. Debemos cultivar la rabia siempre. Ir en contra. Protestar mientras nos queden valor y fuerzas para sobrevivir sin dinero. Eso significa desterrar la eficacia y la corrección”.[2]

FASE 2:

-COGER UNA LIBRETA, LOS TEXTOS SE COMPONEN-

La obra se llama Tríptico de la aflicción y está compuesta por cuatro obras de teatro. Lo interesante de unirlas es que todas tienen un lazo en común. Es decir, que aunque son aparentemente obras sin conexón, hay elementos, pensamientos e ideas que se repiten y que crean una cohesión muy interesante.

Las cuatro obras que aparecen son: El matrimonio Palavrakis (22 de febrero, 2001, Teatro Pradillo, Madrid), Once upon time in West Asphixia. O hijos mirando al infierno (19 de Septiembre, 2002, Teatro Pradillo, Madrid), Hysterica Passio (22 de febrero, 2003, Teatro Pradillo, Madrid) y Lesiones incompatibles con la vida (15 de febrero, 2003, La Casa Encendida, Madrid).

FASE 3:

-COLOCAR LAS IMÁGENES EN ORDEN, SE REPITEN, PERO NO CANSAN, DROGAN-

El imaginario de Angélica Liddell se repite a lo largo de la obra. Pero tranquilos, ya nos va bien, ya nos va bien. Se trata de coger las fotografías verbales, con cuidado, porque no son aptas para todos los públicos, o por lo menos, no lo son para un público muy sensible. Lo divertido, detectives, es que si consigues cogerlas, colocarlas todas una al lado de la otra, conseguiréis una tira satírica, concreta, clara y sobre todo, muy muy visual.  En contra de nuestras expectativas (veis que no era bueno prejuzgar ni definir), no tenemos a una actriz, ni a una dramaturga, tenemos a una fotógrafa y de las buenas. Enfoca y dispara (vaya, tenía razón no le hacen falta balas).

Como hemos hablado, el hecho de que insista en ciertos temas ayuda a la cohesión de la obra. Y a pesar de que se trata de historias independientes, entre ellas hay aspectos similares que refuerzan la coherencia del discurso y que impiden que el resultado quede forzado.

Y ahora, que tenéis imágenes encima de la mesa, supongo, que queréis saber qué veis. En la primera a la izquierda vemos un pene y un clítoris. Justo al lado, un bebé recién nacido. A la derecha, un cadáver. Por último, justo debajo del bebé, un manicomio.

Primera a la izquierda: SEXO.

Visto desde diferentes perspectivas, algunas más morales y comunes que otras. Por un lado, tenemos el sexo matrimonial encarnado por el Matrimonio Palavrakis y el matrimonio de Thora y Senderovich, protagonistas de Hysterica Passio. Por otro lado, Natasha y Rebeca en Hijos mirando al infierno. En este último caso, se representa una química sexual basada en intereses comunes: la locura y la rebeldía.

En contraposición con este enfoque sexual “moralmente correcto” aparecen relaciones basadas en la pederastia y en el incesto.  Ya vemos en el Matrimonio Palavrakis la obsesión que tiene el hombre por la ropa interior de una menor en la primera escena de la obra.[3]También, en Hijos mirando al infierno vemos como el padre de Natasha se masturba viendo a su hijastra y a su amiga Rebeca en posiciones obscenas. Al final, mantiene relaciones sexuales con Rebeca. Del mismo modo que Natasha, que las mantiene con su profesor.  Por último, en Hysterica Passio, Thora, el personaje femenino, al principio de la narración es virgen, al final, acaba haciendo orgias en las que participa su hijo de 12 años.

Fotografías central y derecha: EL NACIMIENTO Y… ¿LA MUERTE?

Estos términos dicotómicos aparecen en las cuatro obras como elementos inseparables. Si lo pensamos fríamente, una acción implica, sin remedio, la otra. Angélica habla del nacimiento para, catastróficamente, hablar de la muerte.

En el Matrimonio Palavrakis, el marido encarna la muerte y la mujer, al final, la vida. Él no quiere tener hijos, pero, al final, el destino les pone a Chloe. Su querida hija, que al parecer, en el estómago materno ya le había comunicado a su padre que, no quería nacer. Y quién le da la vida, paradójicamente, años después le da la muerte de manera brutal, casi como un animal. [4] En el caso de Elsa, al principio se resiste a tener descendencia, pero una vez la tiene se muestra alegre. Para ella la maternidad es una manera de perpetuar su vida, de dejar rastro en la humanidad, de no morir del todo y para siempre. Esta ilusión queda truncada con la muerte de su hija, y, posteriormente, con la muerte de su mascota que ejercía, en cierta manera, el papel de Chloe.

En el caso de Hijos mirando al infierno aparece el hijo adoptivo y el hijo carnal. Mientras que el hijo adoptivo, interpretado por Natasha, es un moralmente incorrecto. El hijo carnal parece representar todo lo contrario, al menos eso nos da a entender en la última escena la madre de Natasha cuando se entera de que espera un bebé. La muerte está interpretada por Simón, un personaje a quién Natasha y Rebeca adoran y toman como referencia en todos sus actos. Es él quién provoca el comportamiento de las niñas, y es él esta vez, quien mata a sus progenitores.

En Hysterica Passio la figura maternal está atormentada con la buena educación. Es tanta esta obsesión de “educarte para que seas bueno” en un mundo donde hasta tus raíces están podridas, que, tanto Thora, como posteriormente, su hijo, acaban atormentados. Se repite, del mismo modo que en El Matrimonio Palavrakis, la paradoja de quien te da la vida, a la vez, te da muerte, aunque no se desempeñe, en este segundo caso, de la manera más literal.

Por último, en Lesiones incompatibles con la vida, aparece el no-nacimiento, que no acaba de ser la muerte, pero se puede relacionar. En este caso, la autora, con voz poética, protesta sobre la sociedad y explica que su “cuerpo es una renuncia a la fertilidad” y que su “cuerpo es pesimismo” y es “protesta”.

Última fotografía: La fina línea entre la locura y la cordura.

¿Los personajes de estas obras están locos o están cuerdos? Podéis llegar a pensar que, lógicamente, como se muestra por sus actos, no son muy lúcidos. Sin duda, a alguien que se comportara así en la vida real, se le llevaría o a la prisión o, en el mejor de los casos, al manicomio. Pederastia, orgías impúdicas, asesinatos, enfermedades mentales…

FASE 4:

-ANÁLISIS DE LOS DISCURSOS: VICTIMAS O DELICUENTES-

Ya casi lo tenemos, enlazadas las imágenes, nos queda analizar las grabaciones de voz. Esta claro, que además de imaginería, Ángela dota a los personajes de unas características comunicativas muy claras.

La repetición es una de sus magias. A partir de la repetición constante de ciertas construcciones, crea una sensación a la que he bautizado como suicidio mental, porque cuando has leído la misma construcción cinco veces en tres páginas, no has convertido a los personajes en dementes, la demente te has vuelto tú, y ahí viene la magia. ¿La veis? Somos un personaje más, perturbado por la repetición, por la constancia de nuestros miedos, de nuestras palabras. Somos lector y personaje. Somos cuerdo y desequilibrado mental.[5]

No solo tiene ese truco, también sabe hacer melodías. Sí. Angélica hace un coro. No me miréis así, también hay espacio aquí para las notas musicales. Una guitarrita por allá, un violín por aquí y “esto es Estopa”. Vale, no. Pero casi. Aunque no hay referencias contextuales, es decir, aunque no se nos especifique de manera habitual el lugar, ni el tiempo en que transcurren los hechos, podemos imaginarlo. Esto es gracias a las voces, no solo de los personajes sino también de otros soportes que dan sonoridad a lo que sucede desde una perspectiva externa. En el caso del Matrimonio Palavrakis, aparece la voz de una narradora que, sin formar parte de la acción ayuda a seguir el hilo de la historia. Sin la narradora, sería muy complejo seguir el hilo de la historia ya que no sigue un orden cronológico. Al final, la narradora adopta la voz de un policía, que hace reflexionar a Elsa sobre todo lo ocurrido. Representa la voz de la conciencia, de la razón, de la justicia y del orden.

En el caso de Hijos mirando al infierno las voces de los diferentes personajes hablándole a un hipotético juez nos ayuda a comprender la historia desde diferentes perspectivas. Tú, detective, lector, eres juez de sus actos, juzgas, comprendes, analizas y ya vas por la fase 4.

En Hysterica Passio, Hipólito, hijo de Thora y Senderovich, actúa como el eco de la consciencia de sus padres. En determinado momento, compagina este papel con el de hijo del matrimonio.

Por último, en Lesiones incompatibles con la vida, la propia autora arranca con un poema que resume a la perfección las tres obras anteriores. Y nos lleva de la mano a la quinta fase.

FASE 5:

-CONCLUIMOS EL INFORME CON UNAS REFLEXIONES FINALES Y DAMOS POR FINALIZADA LA TAREA DE INVESTIGACIÓN-

Criticar. Angélica se pone a escupir sentimientos, los plasma sin miedo a ser incorrecta, sin tapujos, directa y franca. Relata una sociedad con la que no se siente identificada, y se rebela, se queja, se revuelve. [Baudelaire, querido, estés donde estés, sé que estarías orgulloso. Sé que tus putas se mimetizarían con Natasha y con Rebeca intentando quitarse hormigas de las bragas a soplidos. Y que las orgías burguesas se unirían a Thora y Senderovich. Que tu ciudad perversa, pasaría a ser el pueblo en el que Thora pierde el miedo a quitarse las muelas del juicio. Baudelaire, te hubieras enamorado de Angélica y como hijos hubiera nacido una especie de Poe muy bonico, porque Angélica hubiera querido ser fértil si tú eras el cuchillo, y no veas como hubiera sangrado la maldita herida.]

Concenciar. Liddell nos hace pensar, en forma de metáforas grotescas nos surgen preguntas. Una de ellas es la definición de moralidad, en la que no voy a recrearme por motivos lógicos (no soy María Teresa de Calcuta y esto no es Biblia 2). Otra es la fina línea entre la cordura y la locura. Aquí sí me paro. ¿Conocéis a Cristina Fernández Cubas? Esta escritora tiene una recopilación de cuentos titulado Mi hermana Elba y los Altillos del Brumal. Hago referencia a esta autora porque, del mismo modo que Angélica, me han hecho cuestionarme sobre la delicadeza del término locura, haciéndome llegar a una hipótesis: la locura nos muestra la lucidez. En la obra de Cristina Fernández hay nombrosas partes en las que se refleja esta idea. En el caso de Angélica, es más visible en la obra Once upon a time un West Asphixia. O hijos mirando al infierno.

Para acabar, no sé si os parece bien, investigadores, pero, dejaré unas pruebas gráficas sobre las reflexiones finales con el objetivo de hacer plausibles las conclusiones. Y porque, para qué negarlo, me veo en la obligación. Obligación suena muy autoritario, pero es así.

ACLARACIONES:

[1]: Frase de: Belgrado. Canta lengua el misterio del cuerpo glorioso. Angélica Liddell.

[2]: Reflexión de Angélica Liddell, extraída de: https://es.wikipedia.org/wiki/Ang%C3%A9lica_Liddell

[3]: Al principio de la escena el Señor Palavrakis mantiene una conversación consigo mismo y en voz alta, cuando esto sucede decimos que el personaje está protagonizando un “a parte”. De todas maneras, en este caso, parece que le hable a la menor. Es el pretexto que utiliza la autora para mostrar la perversión del hombre, porque del personaje de la niña solo aparece la sombra, no se escenifica ni tiene voz en la obra.

[4]: Homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre). Durante toda la obra, Mateo interpreta la parte más animal del ser humano. No solamente asesina, sino que, además, descuartiza y justifica sus acciones con el mal que habita en cada uno de nosotros.

[5]: Fragmento que pertenece a Once upon a time in west asphixia. O hijos al infierno. Edición Arteblai en diciembre de 2011. Pàg. 69. Ejemplo de la repetición continua de estructuras.

Natasha: No es justo.
Rebeca: No, no es justo.
Natasha: Porque ellos son más ignorantes que tú.
Rebeca: Porque ellos fracasaron antes que tú.
Natasha: Porque tú sabes el nombre de todos los ríos.
Rebeca: Y ellos no lo saben.
Natasha: Porque tú sabes el nombre de todas las guerras.
Rebeca: Y ellos no lo saben.
Natasha: Porque tú sabes el nombre de los huesos humanos.
Rebeca: Y ellos no lo saben.”

ANEXOS:

Fragmento que hace referencia a la crítica social y que resume a la perfección las alegorías que recogen las obras. Se encuentra en el poema de Lesiones incompatibles. Muestro versos sueltos, solo los que considero resumen más esta idea y que, no necesariamente aparecen en este orden.

No quiero tener hijos.

Mi cuerpo es mi protesta.

Las familias se componen con soberbia, pensando que su prole va a ser distinta, que sus hijos nunca van a traicionar como nosotros hemos sido traicionados, que sus hijos nunca van a dañar y a ser dañados, que los reveses de la vida sin duda van a ser menores y que sus hijos no van a ser culpables de nada.

Los niños no se convierten en buenos adultos.

El papel del hombre en el mundo es absurdo.

Mi cuerpo, voluntariamente estéril, es mi inconformismo.

Es mi forma de hacer justicia.

Mi cuerpo es mi protesta contra mi generación.

Han creado una sociedad clasista, engreída, ambiciosa y brillante.

Sólo buscan la comodidad.

(…) en familia amamos pero también estamos obligados a amar.

Protesto contra la ausencia de pasiones.

Fragmento que hace referencia a la lucidez que provoca la locura. Forma parte de la última escena de Once upon a time in West Asphixia. O hijos mirando al infierno.

Doctor Tayara: Después de lo que sucedió abandoné el hospital, abandoné mi profesión. No me sentía capaz de seguir fingiendo que ayudaba a gente a ser feliz. ¿Qué mierda era eso de la felicidad?

Jonás: (…) No me importa lo que hicieron. Ahora conozco el nombre de todas las cosas.


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