Mi chica revolucionaria

Título: Mi chica revolucionaria
Idioma: Castellano
Autor: Diego Ojeda
Editorial: MueveTuLengua (Alsari en fecha de publicación, después Frida)
Publicación: Mayo de 2015
Etiquetas: Prosa poética, costumbrismo, amor
Formato de publicación: Rústico, 109 páginas.
Tiempo estimado de lectura: 4h
Puntuación: 1/10
Sinopsis: Un chico de vida aparentemente descarriada loa a su amada.
Lo mejor: La hilaridad que despiertan los poemas.
Lo peor: Que haya poemas que no evoquen esta misma hilaridad, y que se queden en vergüenza ajena.


Terminé Mi chica revolucionaria, de Diego Ojeda, y lo primero que hice fue darme cuenta de que había algo que se me escapaba. Para ello fui corriendo al diccionario de la Real Academia Española para buscar el significado de la palabra más importante del título del libro. Esto es lo que encontré (tres definiciones, a párrafo por definición):

Perteneciente o relativo a la revolución. Me cuesta pensar que la chica a quien dedica el libro encaje en el perfil de un revolucionario al uso. La descripción que hace de ella es más la de una persona normal y corriente, para nada está envuelta en ningún cambio social, mucho menos astronómico, geométrico o mecánico.

Partidario de la revolución. No da pistas de ello. Si debemos tomar como referencia los actos de la heroína de los poemas cualquiera puede ser un revolucionario. Incluso aquellos que se sentirían ofendidos al escuchar este adjetivo como referencia a su persona.

Alborotador, turbulento. Tampoco. Más bien al contrario: la presencia de la heroína en la vida del poeta es apaciguadora. Gracias a ella él se aparta de la vida licenciosa, su antes queda relegado a excusa para rellenar páginas con poemas donde lo importante es el ego del autor, orgulloso por sus batallitas pasadas.

A partir de estas conclusiones, por supuesto rápidas, fáciles; deduzco que “chica” y “revolucionaria” no corresponden a la heroína de los poemas. Tal vez, siguiendo con mi divagación, habla más de su propia poesía. Podría ser, el ego del autor, que se nos presenta como poeta, piense que esté revolucionando la poesía porque lo que hace no es poesía. Y con su chica se refiere a su obra, pequeña, y con revolucionaria a cómo la ve. Esto, en cambio, queda descartado en una lectura superficial.

Quizá sea otra cosa lo que se supone que hace girar algo. La lectura, sí, lleva a la risa. Algunos fragmentos parecen bromas de mal gusto. Soy el primero al que le gustan este tipo de chanzas, zafias y groseras, siempre y cuando sean buenas, o tan malas que terminen haciéndome reír. Pero no, Ojeda va desde el chascarrillo de obrero hasta el repaso a su agenda de amigos. Y eso a mí, humilde lector, no me provoca ningún tipo de emoción a parte de la risa y la vergüenza ajena a tanta presunción de talento árboles sacrificados.

Por otra parte, y no lo voy a negar, el libro gana enteros cuando se lee con otros ojos. Con la mirada de otro, como cantaba aquél, con una mirada vacía, sin juicio, sin rastro de humanidad. Pero entonces, si dejo de lado mi propia mirada, la poesía en sí deja de tener sentido y finalidad.

En fin, como cantaba otro aquél, a cualquier cosa le llaman poeta. Voy a seguir buscando definiciones en el diccionario.

PD: Mientras busco las imágenes para ilustrar esta entrada, descubro que el autor de este libro es el CEO de la editorial Alsari-Frida-MueveTuLengua. Qué cosas.



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