El sur es un sitio grande

Título: El sur es un sitio grande
Publicación: 2014, Zut Ediciones
Temática: Realismo sucio, crítica social
Páginas: 194
Autor: Roger Wolfe
Puntuación: 9/10
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Sinopsis: Dios creó al hombre, y el hombre construyó las ciudades. Las ciudades crecieron, y crecieron, y se llenaron de suciedad y sangre, hsta que ni siquiera los perros podían seguir viviendo en ellas.

Llevo más de cinco minutos pensando cómo empezar esta reseña. Qué decir. Qué aportar. Qué he sentido. Qué siento. Qué opino. Roger Wolfe, el hombre que me dejó sin palabras y me provocó naúseas en los viajes de autobús de camino al trabajo.

El sur es un sitio grande es una novela que explica el comportamiento de una ciudad derrumbada por ella misma. Un lugar donde las desigualdades sociales son el  pan de cada día, donde la miseria está en todas las esquinas y las drogas, y los asesinatos, y el bandalismo, y la prostitución, y la brutalidad, y la animanilidad, y el miedo, y el tedio, y la supervivencia, y la vida.

Nos lo explica un asesino en serie, un depravado, o eso pensamos al principio, puesto que en las dos primeras páginas, nos explica, con todo lujo de detalles, como descuartiza dos cuerpos. Poco a poco, conocemos al protagonista, un hombre solitario que vive a las afueras de la ciudad con unos cuantos perros, con poca moral, si es que podemos considerar que le queda algo, y un trabajo que si bien no le gusta, le proporciona lo necesario para ir tirando.

Un personaje que, pensé, menos mal es personaje, a este zumbado no me quiero cruzar yo por la calle. Hasta que llegué a determinada página, y dejé de juzgarle como si fuera Maria Teresa de Calcuta. Recordé que estaba ahí, sentada en el asiento del autobús, leyendo. Ante mí tenía una novela escrita con un léxico al detalle, con una precisión quirúrgica, con un vocabulario coherente con el personaje que hablaba, y con un contexto que, prácticamente, justifica cualquier acción.

El mal se respira en la ciudad, un mal que daña la mente de todos los que una vez pensaron en la posibilidad de respetarse. El hombre es un lobo para el hombre, dijo aquél, y en este caso, no es menos. Hasta los animalistas son capaces de poner bombas para asesinar a aquellos que no estan de acuerdo con sus ideales, las violaciones, la pederastia, las orgías, la prostitución, la droga, todo muestras de que, en un ambiente hostil, hasta el más humano deja de serlo para convertirse en un depredador. La supervivencia hace renacer nuestros instintos más animales, hasta que la ciudad se convierte en un limbo.

Es el propio protagonista quien, en determinado momento, hace este paralelismo. Dice encontrarse en el limbo, puesto que se siente bastante muerto. Ante la pregunta de para ir hacia dónde, hacia el infierno o hacia el cielo, la respuesta es, ahí esta la gracia, hacia ninguna parte. El no-lugar de la ciudad, la prisión, la incapacidad para cambiar de ambiente es el pretexto para desencadenar una serie de desgracias continuas.

Continuas y entrelazadas. Si el autor es capaz de ponerle voz a un asesino y mostrarnos, de paso una sociedad decadente, lo es también de añadir subtramas, personajes secundarios con su pedazo de historia, que en algun punto de la narración, se encuentran con el personaje. No hay explicaciones superfluas. Todo personaje tiene su por qué y todos nos hacen comprender un poco mejor el contexto social y el comportamiento del protagonista. Al final, el Samurái, que es como le llaman los medios de comunicación, se marcha al Sur. No es de extrañar, hace tiempo que perdió el norte.

Recomiendo la novela, pero no a todo el mundo.  A mí me ha dejado sin palabras. Me ha hecho sentir cosas, ardor en el estómago, he visualizado cada una de las escenas, he vivido y respirado cada uno de los actos del protagonista, me he horrorizado, he disfrutado, he querido saber más y a veces, un poco menos. A aquellos que os gusten las novelas negras, el realismo sucio, la brutalidad sin decoración y el mundo postapocalíptico, pasen y lean. A los aprensivos o a los justicieros de la moral literaria, ¡huyan!


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