Desmontamos mitos del cuento (II)

Hoy, os traemos la segunda parte de “desmontando mitos del cuento”.  Una vez aprendida  la primera lección: los cuentos no son solo para niños, los cuentos no son solo de fantasía, los cuentos molan mogollón. Pasamos a la segunda fase, los cuentos de adultos también se escuchan, de la boca de narradores orales y en determinados centros especializados para el uso, o en bibliotecas, fiestas y espectáculos, públicos y privados.

Para que podáis entender un poquito más este mundo, en este post os explicamos qué es la narración oral,  y la experiencia que tuvimos ayer, precisamente, en un espectáculo de Numancia Rojas.

¿Qué es la narración oral?

La narración oral no es cosa de cuentacuentos, aunque contemos cuentos. Tampoco es un monólogo, por mucho que lo parezca. Ni teatro. Sí, contamos cuentos, de forma principalmente individual y el formato es parecido al teatral. Es todo eso y mucho más. Como ya comentamos en la primera parte, un cuento no tiene por qué ser un cuento infantil. La Cenicienta, Blancanieves o Hansel y Gretel son cuentos, como lo son las historias que escribió Lovecraft, Calders, Fernández Cubas, o las que pudimos ver en la sesión de Numancia, de Mario Benedetti.

La comunicación entre el narrador y el público es lo más importante que encontramos en la narración. Como nos dice el sentido común, en una narración se narra, es decir, se cuentan cosas, y la clave está en el verbo, en el contar. Se cuenta. De ahí el cuento y la confusión con los cuentacuentos infantiles. Si un cuentacuentos cuenta cuentos, valga la redundancia, un narrador cuenta. Cuenta el cuento, cuenta con el público, cuenta consigo mismo, con sus experiencias, con su propia vida. Cuenta con el espacio en el que está, cuenta con el tiempo, cuenta con todo su entorno. Aunque pueda parecer extraño, la historia es lo de menos. Un buen narrador oral narra, comunica, cuenta.

Pero eso es raro, dicen algunos. Es un tío contando cuentos, replican. A mí, qué me vas a contar, piensan. O también: narración oral, ¿me vas a leer un cuento o qué? Como si nunca se hubieran sentado a escuchar, o a explicar, historias personales cargadas de exageraciones y mentiras. La narración es ancestral, y existe desde que tenemos la facultad de hablar, de comunicarnos. Desde los chamanes de las tribus nómadas o los teatros griegos alrededor del fuego dedicado a Dionisos hasta los políticos hoy en día, pasando por los bares, las salas de estar y los bancos de los parques, todo es una narración.

Es un arte, y debe ser visto como tal. Tampoco lo confundamos con la oratoria: ésta tiene como fin convencer. La narración oral muestra, conmueve, emociona. Va más allá de la transmisión de información, es pura estética. No necesita grandes gestos o aspavientos, ni escenarios complejos, ni puestas en escena dignas de un musical de Broadway. Es, en este sentido, más cercano a la poesía que al teatro, más cercano a la vida que no a la ficción. Y como tal debe ser vista.

Como dijimos, la narración oral ocurre en muchos lugares, por ejemplo salas de estar y bancos de parques, y a ellos pertenece. También los hay, sin embargo, en los que la narración oral, como formato, es el protagonista más allá de librerías y otros espacios en los que puntualmente la utilizan y organizan espectáculos con el fin de atraer público, o bibliotecas donde su función de promoción de la cultura les lleva a programar, de vez en cuando, alguna sesión con un carácter marcadamente infantil, dentro de la fórmula “narración oral = cuentos para niños”. Pero vale la pena buscar estos pequeños templos. Dionisos, y su llama, no se apaga en ellos.

Numancia Rojas y cuentos de emergencia

¿Quiés es Numancia Rojas?

Numancia Rojas es una narradora oral, de origen chileno, habitante de muchos otros lugares, porque quieta, lo que se dice quieta, no ha estado.

Especializada en temática femenina. Realiza un taller de narración oral titulado el arte de contar cuentos desde enero de 1987, taller que se me ha movido por aulas de universidades como las de Alicante y Valencia como asignatura optativa. Ha sido colaboradora del postgrado de educación infantil de la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Ha publicado diversos cuentos, entre los que se encuentra Ni brujas ni cenicientas de temática feminista. Y ha dirigido desde el año 2000 al 2017 la Casa de los Cuentos, localizada en el barrio de Gracia de Barcelona.

Y, por supuesto, además de enseñar y dirigir, cuenta, cuenta mucho y muy bien.

Cuentos de emergencia

Ayer, día 17 de mayo, asistimos a una sesión de narración oral de Numancia Rojas, que se realizaba a las 18h en la Ruqueria Querubí de Barcelona. El espectáculo giraba en torno a la figura de Mario Benedetti, pues hacía diez años de su muerte.

La narradora tuvo el placer de coincidir como alumna de Benedetti, así que además de admirarle como autor, también lo hace como maestro y amigo. Con lo cual, la sesión combinaba la profesionalidad con la emotividad, un cóctel, os avanzamos, que nos dejó un muy bien sabor de boca.

Narró un total de seis cuentos, cada uno de una temática muy distinta: romántico, humorístico, drama. Todos ellos sin ninguna relación más que el autor. Sin embargo, las historias no quedaban forzadas, ni inconexas. Numancia entre historia e historia sabía guardar el silencio oportuno para mostrar la diferencia entre el final de una y el inicio de la otra. Eso, y su cambio de expresión y tono de voz, era suficiente para envolvernos en el cuento que iba a empezar, sin que percibiéramos ninguna incoherencia en la sesión. Al contrario, ese popurrí de temáticas, expresiones, cambios de voz y de tono, nos hicieron más ameno y entretenido el espectáculo: reímos, se nos escapó alguna lagrimita y estuvimos, desde las seis hasta las siete atentos solo y exclusivamente en ella.

Seguramente, lo más destacable de la narradora, la particularidad que hace más especiales sus sesiones es su reintrepretación de las historias y su naturalidad. Con reinterpretación de las historias, nos referimos a darles una voz personal, propia. A pesar de que los cuentos eran de Benedetti, parecían de su propia creación, los había hecho tan suyos que de no conocer al autor bien podríamos creer que ella misma los había escrito. Por otro lado está su naturalidad. Es fresca, espontánea. Verla actuar es similar a irte a tomar un café con una vieja amiga. Te explica, te cuenta, no está forzada, al contrario, está cómoda, hace sencillo lo complicado, verídica la ficción.

 


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