Vienen mal dadas

Título: Vienen mal dadas
Publicación: 2017
Temática: Suspense
Páginas: 297
Autora: Laura Gomara
Puntuación: 3,5/10

Sinopsis: Ruth Santana es una joven desahuciada y pluriempleada que vive en el umbral de la pobreza para pagar lo que considera su deuda con los bancos. Una noche, un desconocido le hace una oferta. Quiere que le ayude a reventar cajeros automáticos.

Vienen mal dadas, viene literalmente así, mal dada.
Nunca leo las biografías de los autores de las novelas que leo. Es una traición. Tengo muy claro que la literatura vale por lo que es, no por quien la ha escrito. Pero en este caso, me he visto en el deber de indagar. Se nota que la novela está hecha con cultura, que la escritora tiene bagaje, conocimiento. Así lo vemos a lo largo de la historia, los personajes dañados y oscuros, valientes, esperanzados, luchadores y demacrados. Y en el contexto, una Barcelona decadente, en crisis. La Barcelona de los pobres, de las rutinas y del esfuerzo sin recompensa.
Laura Gomara, tras una investigación superficial, otra cosa no, pero conocimientos de literatura tiene. Es licenciada en filología clásica, traductora y profesora de escritura. Y sí, como ya he dicho, se nota.
¿Entonces por qué viene mal dada? En una frase: la historia es aburrida, tremendamente lenta y el final es un: ah, pues vale.
Parte de historia de Ruth Santana, una mujer con bastantes deudas y que se encuentra en una situación económica y anímica bastante deprimente. Ella es el nexo con el resto de la trama. Gracias a este personaje conocemos a unos cuantos tipos que, debido a diferentes desgracias, se ven en la calle. La idea, bien. La ejecución, veamos.
Los personajes son bastantes planos. Conocemos su historia, no cómo se sienten. Yo, como lectora, no he acabado de empatizar con ningún personaje. Y en ocasiones, incluso, de poco definidos que estaban, los he confundido. Así que además de poco interés, iba más perdida que un Ulises en busca de Ítaca. Por no  hablar de la tirria que acabé por pillarle a  Ruth, una mujer débil que va de dura y que es salvada, finalmente, por el malote principal de la historia. Flojito ahí, flojito.
Los temas que aparecen son duros,  interesantes y bastantes complejos. Problema: los explica de manera superficial. De manera que se pierde cualquier interés que pudiera suscitar.
Las actuaciones que impulsan y hacen avanzar la historia son pobres y surrealistas. Porque tras tanto drama, lo único que mueve a los personajes a actuar es la avaricia. Todos sueñan con tener poder adquisitivo: vivir en Argentina, ir a una residencia a bailar con mujeres guapas… Excepto un personaje que tiene la ilusión de montar un negocio y otro que se mueve por el rencor, el resto, quieren dinero para convertirse en aquello que critican todo el tiempo: unos ricachones mantenidos.
La trama principal, que en principio, es policiaca. Apenas aparece. No hay tensión argumental, no hay pistas, no hay acción real. Pero tampoco podemos creer que sea una historia de personaje, aunque repito, podría haber tirado por ahí viendo las vidas de los personajes. Hay poco énfasis y poca explicación de cada uno de ellos como para creer que la autora pretendiera hacer una novela realista sobre la situación de la sociedad española.
Así que, viene mal dada. Se me ha hecho pesada, y al final, me he sentido estafada. 297 páginas para que me expliquen todo y nada.
 ¡Colorín colorado esta historia se ha acabado y tú te has quedado agilipollado!

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