Las niñas perdidas

Título: Las niñas perdidas
Publicación: 2011, RocaEditorial.
Temática: Políciaca/ Thriller/ Crítica social
Páginas: 194
Autora: Cristina Fallarás
Puntuación: 7,5 /10

Sinopsis: Existe otra Barcelona: la que se aleja del turismo, los anuncios institucionales con la gente sonriente y el diseño. Es en esta otra ciudad, la canalla, en la que la ex periodista y detective Victoria González se mueve pisando fuerte. Y eso que su avanzado estado de gestación no se lo pone fácil.

El barrio, tira. Me lo decían cuando era pequeña, y no he sabido que era verdad, hasta ahora, que no lo soy tanto. Por eso, cuando me encontré con Las niñas perdidas , un libro que, aunque está escrito por una zaragozana, ha ganado el premio de l’Hospitalet Confidencial 2011, no pude dejarlo en la estantería, me lo tuve que llevar a mi casa. L’Hospitalet, terreta meva. Si ha ganado un premio de mi ciudad, seguro que es bueno. No es una lógica muy profesional, pero, al menos, está vez, ha funcionado.

Las niñas perdidas es una novela costumbrista y crítica hacia la Barcelona más pobre, más “superviviente”, aquella que, como bien nos avanza la contraportada, no sale en los anuncios, ni está relacionada con el turismo de playa, cerveza y risas. La obra está calificada como policíaca, y es cierto, aparecen un par de asesinatos, cuyo asesino hay que encontrar, tras la lectura, vemos que si bien reúne las características propias de un thriller, en el fondo, la autora se centra muchísimo más en la psicología de los personajes, así como en la descripción de lugares que resumen, en cierto modo, la realidad de los barrios bajos.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es la equidad que hay entre los personajes femeninos y masculinos. Tienen el mismo protagonismo y se les valora por igual. No hay tópicos al estilo: la chica tiene que ser salvada, la detective es muy sexy e utiliza sus atributos femeninos para….qué pereza! No, en este caso encontramos la figura de Victoria, una detective con un pasado turbio y dispuesta a meterse hasta el fondo en cualquier investigación por compleja que parezca. A Adela, la madre biológica de las niñas asesinadas, con serios problemas mentales y un pasado, también, bastante turbio. La madre adoptiva de las niñas, una mujer con mucha moralidad postiza, pero poca humanidad real. Así como las madres de Adela y Victoria, antagónicas, pero con un punto en común, ninguna supo comportarse y ejercer como tal. Los personajes masculinos, tengo que decir, que son bastante planos. La mayoría son balas perdidas, asesinos a sueldo, violadores, o, como mínimo drogadictos sin mucho más futuro que beber hasta caer en coma en cualquier esquina de la ciudad. Pero tienen voz y voto en muchas de los conflictos que van sucediendo.

Otro tema interesante a comentar es el papel que tiene la maternidad en la obra. ¿Maternidad en una novela policíaca? Sí, como oís. Es un tema recurrente y que aparece ilustrado a través de diferentes mujeres. Victoria es una detective embarazada, Adela y la madre adoptiva, así como las respectivas madres de las dos protagonistas. La maternidad entendida como protección, pero también como descuido, trabajo y responsabilidad. La maternidad que se roba, y aquella que nunca se acepta del todo. Pero también, el concepto que tienen todas ellas en cuanto a la violencia, al amor, a la moral, unos conceptos que influyen en las experiencias que viven y que las llevan, irremediablemente a la desesperación y a la destrucción.

Como veis los personajes femeninos son complejos, y muestran la cara oculta de una Barcelona asesina, ladrona y corrupta, pero también, dolida, dañada y víctima. Esta complejidad me ha gustado, la novela mantiene viva la tensión argumental desde el principio hasta el final, y es precisamente por eso, porque los personajes son muy interesantes. El problema es que el dramatismo, en dosis tan altas, satura, y hace la obra un poco más inverosímil, que no surrealista. Es decir, aunque sea cierto que hay zonas en la ciudad donde las personas viven desgracias constantemente, y tienen vidas bien hostiles, no aportar ni un rayo de luminosidad en una novela de, casi, 200 páginas, resulta eso, inverosímil.

Los tempos de la historia están bien llevados. La autora es ágil escribiendo, no se para en detalles, es clara, concisa y consigue transmitir muy bien la locura y la personalidad de los personajes al hablar, aportándoles, por ejemplo, coletillas en sus discursos, o expresiones características. El final, sin embargo, es abrupto. No nos queda claro por qué se han cometido los crímenes, ni si se han detenido, o se detendrán a los culpables. Lo que sabemos seguro, es que el amor, en un ambiente lleno de guerra, es imposible, y aunque aparentemente no todos estén muertos, no queda nadie muy vivo.

En resumen, es una obra que recomendaría a aquellos que disfruten con el realismo sucio y con las obras costumbristas. A quién busca un thriller o una novela policíaca con su asesino, su misterio y sus asesinos en la cárcel, le recomiendo que siga buscando, esta no es su novela.

 


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