Cuentos al amor de la lumbre 2

Título: Cuentos al amor de la lumbre 2 (cuentos costumbristas y de animales)
Idioma: Castellano
Autora: Antonio Rodríguez Almodóvar
Editorial: Alianza Editorial
Publicación: Septiembre de 1983 (Leída: edición de noviembre de 2015)
Formato de publicación: Rústica
Tiempo estimado de lectura: 344 páginas, 12h
Género: Cuentos de tradición oral.
Puntuación: 8/10
Sinopsis: Segunda parte de la colección de cuentos españoles de tradición oral.
Lo mejor: Al igual que la primera parte, todo el trabajo realizado de recuperación y reconstrucción.
Lo peor: La poca difusión que tienen los cuentos de tradición oral.


Si hace unos meses os trajimos la primera parte de Cuentos al amor de la lumbre, que se centraba en los cuentos maravillosos, en esta ocasión reseñamos la segunda parte de este libro, que se puede ver por separado, o en conjunción con el anterior. Al igual que en el previo, la obra es de Antonio Rodríguez Almodóvar, y en esta parte nos encontramos con cuentos que tienen como elemento en común que no son maravillosos, es decir, los elementos mágicos, fantásticos, pasan a un segundo plano, y los protagonistas son pícaros, tontos, listos, o animales humanizados, según el caso.

En este Cuentos al amor de la lumbre encontramos un recopilatorio de historias de tradición oral recopiladas por diversos autores, que Rodríguez Almodóvar ha catalogado, contrastado y unificado hasta extraer una versión arquetípica de cada uno de los cuentos. Después, ha agrupado los cuentos que ha reunido según estos arquetipos, y el resultado es más que digno, dignísimo. Este libro, al igual que su anterior, al igual que toda la obra de Rodríguez Almodóvar, debería estar en un altar para aquellos que nos interesa la narración oral y la tradición narrativa. Se trata de una obra hecha desde una perspectiva antropológica, dejando de lado las interpretaciones, como las de Bruno Bettelheim (ver Psicoanálisis de los cuentos de hadas) o Sheldon Cashdan (ver La bruja debe morir), y centrándose en la reconstrucción de las narraciones.

Muchos de los cuentos, para los que ya tenemos unos añitos, nos pueden sonar, sin embargo, en la era de Internet, de los videojuegos y la urbanidad, el olvido de lo rural y lo tradicional me hacen especular que estas historias son un auténtico desconocido. Como mucho a los jóvenes de menos de treinta y cinco años les pueden sonar las versiones de los Grimm o de Perrault, a través de la Disney. Tendría que salir a la calle para preguntar siquiera por si conocen el concepto de tradición oral. Prefiero no hacerlo y vivir en la ignorancia, a reconocer que historias como las de Garbancito, Juan y medio, la mata de albahaca, el tragaldabas o el medio pollito ya están perdidas para varias generaciones.

Reconozco que muchas, para mí, también eran un misterio antes de leer este libro y he preferido cuentos literarios a los tradicionales para las pocas sesiones de narración oral que he hecho. Cuando he podido contar algunos cuentos a niños, a jóvenes o incluso a adultos, hemos viajado a otros mundos, a otras épocas y hemos vivido experiencias únicas, todos juntos. Pocas sensaciones más placenteras conozco que ver la cara de un niño tras el desenlace de un cuento. Por eso es tan importante que hablemos de ellas, las contemos, las aprendamos y las transmitamos.


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