La forma de las palabras

Hablemos de palabras. Sí, de palabras tal cual, una a una, por separado o todas juntas, palabras. Palabras dulces, de amor, o de rabia. De protesta o de alabanza, todo palabras. ¿Cómo se forman? ¿Cómo podemos clasificarlas y estudiarlas? De esto se encarga la morfología.

La morfología es la rama de la lingüística que estudia la forma la forma interna de las palabras. Esta palabra, morfología, está compuesta de morfo-, prefijo de origen griego que vendría a significar ‘forma’, y -logía, también de origen griego, derivada de logos, y que podemos entender como ‘habla’, ‘narración’ o ‘historia’. Es decir, con morfología hablamos de las formas.

Podemos ubicar la morfología dentro del campo de estudio de la lingüística teórica entre la fonología y la sintaxis. La primera trata de los sonidos, la segunda sobre la ordenación de las palabras dentro de la frase. Por tanto, cuando hablamos de morfología nos fijamos en lo que hay entre el principio y el final de una palabra, en cómo las sílabas se articulan entre sí, y cómo algunas de estas sílabas van a tener una función u otra dentro de la palabra según la lengua.

Cada lengua forma sus palabras de una manera diferente. Esta frase, que en un principio parece muy obvia, esconde una de las mayores divisiones de grupos de lenguas. Existen tres grupos según cómo formamos las palabras: las lenguas aislantes, o analíticas; las lenguas sintéticas, que podemos dividir entre aglutinantes y fusionantes; y las polisintéticas. Para que nos hagamos una idea, el castellano es una lengua fusionante, el euskera es una lengua aglutinante; el chino mandarín es una lengua aislante y, por último, el klingon es una lengua polisintética. Vamos a verlas.

Una lengua aislante o analítica es aquella cuyas palabras no tienen nada o casi nada de derivación o flexión, sino que forma nuevas palabras a partir de la composición. Imaginemos que, en lugar de decir “nosotros vamos a Albacete rapidillo” decimos “yo plural ir ahora a Albacete poco rápido”. Este ejemplo, por supuesto, es muy basto, pero para hacernos una idea sirve. Otro ejemplo, de chino mandarín, extraído de la Wikipedia, es este:

朋友
depéngyoumendōuyàochīdàn
YoPOSESIVOamigoPLtodoquerercomerhuevo
‘Todos mis amigos quieren comer huevos’ [=’Mis amigos todos quieren comer huevos’]

¿Aislante o analítica? ¿Cuál es la diferencia entre ambas? Una lengua aislante es la que está formada solo por un morfema, mientras que una analítica es la que usa palabras sueltas para expresar las relaciones gramaticales entre el resto de palabras. La relación entre estos dos tipos es evidente: pensemos en cómo sería hablar sin usar ningún tipo de flexión verbal. ¿Cómo podríamos saber que aprenderemos morfología es diferente a aprendimos morfología sin usar la flexión verbal -eremos (futuro) o -imos (pasado)? Deberíamos decir algo como nosotros aprender futuro morfología y nosotros aprender pasado morfología.

Como ejemplos de lenguas aislantes podemos encontrar el chino estándar, las lenguas tai-kadai repartidas por el sudeste asiático como el tailandés o el laosiano, y las lenguas austronesias, habladas desde Madagascar hasta las islas del Pacífico, como Hawái o la Isla de Pascua.

Sigamos con las lenguas aglutinantes. Estas lenguas forman las palabras uniendo monemas entre sí. Un monema es un grupo mínimo de fonemas que provocan un cambio de significado sistemático. Es importante destacar esto último porque la línea que diferencia una lengua aglutinante y una lengua fusionante es fina: será aglutinante si podemos separar las palabras en morfemas sin ninguna dificultad, y cada separación tiene solamente una categoría gramatical; por contra, será fusionante si tenemos dificultad para hacer esta separación y cada grupo de fonemas puede tener más de una función. Veámoslo con este ejemplo del euskera:

EuskeraSegmentaciónCastellano
etxeetxecasa
etxeaetxe – ala casa
etxeaketxe – a – klas casas
etxekoetxe – kode la casa
etxeraetxe – raa la casa
etxerakoetxe – ra – koque va a casa
etxetiketxe – tikdesde la casa
etxerainoetxe – ra – inohasta la casa

Como ejemplos de lenguas aglutinantes tenemos el euskera, con una injusta fama de difícil (dicen que el diablo se suicidó saltando desde un puente en el río Errobi porque no pudo aprender euskera), el finlandés, el turco, el japonés, el guaraní, el esperanto, el náhuatl y el inuktitut.

Vamos con las lenguas fusionantes. Las lenguas de este grupo funcionan añadiendo afijos a las palabras que añaden información léxica y gramatical. En este caso, son similares a las lenguas aglutinantes, no por nada ambas pertenecen al grupo de lenguas sintéticas, sin embargo se diferencian en que los afijos pueden tener más de una categoría gramatical asociada, y que es difícil separar estos casos. Por ejemplo, la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo cantar es canta, y la segunda persona del singular del presente de imperativo es también canta. La raíz es cant- , pero el afijo -a, en sí, no nos deja claro si él canta, o tú tienes que cantar.

Las lenguas fusionantes son las más habladas en Europa. De hecho, la mayoría de lenguas habladas en el contintente lo son, y esto se debe a que descienden del indoeuropeo, y se subdividen a su vez en lenguas latinas, germánicas, eslavas o bálticas. También podemos encontrar otros ejemplos de lenguas fusionantes en América, como las lenguas del grupo penutí, habladas en la Costa Este de los EEUU.

Vamos con el último grupo de lenguas que nos queda por presentar, las polisintéticas. Estas lenguas son aglutinantes llevadas a un extremo. Cada palabra está compuesta por muchos morfemas, llegando a construirse frases enteras dentro de una misma palabra. Tenemos este ejemplo, también extraído de Wikipedia:

Ø-omaz-amy-eʔt-ampy-es-y-es-n-eˑn-a
3SG-ir.río.abajo-DISTR-EPENT-DAT-EPENT-PL-EPENT-?-PROG-REFL
‘Iban yendo río abajo en canoa a última hora de la tarde deteniéndose a lo largo del camino’

Podemos encontrar ejemplos de lenguas polisintéticas entre las lenguas indígenas americanas, las inuit y algunas paleosiberianas. También entre lenguas artificiales, como el klingon o el quenya.

Ahora que sabemos a grandes rasgos cuáles son las diferentes estrategias que toman las lenguas para construir palabras, vamos a ver un poco más sobre las pequeñas piezas que las forman: los morfemas.

Todas estas tipologías de lenguas, desde las aislantes hasta las polisintéticas, basan la construcción de sus palabras en los morfemas, que son las unidades básicas en las que se une uno o varios fonemas y un significado. Mar, por ejemplo, es indivisible, y nos evoca a una gran masa de agua salada. Estos morfemas se pueden dividir en dos categorías, según si aportan información léxica, lexemas, o información gramatical, gramemas. Es decir, de la palabra gato, gat– es el lexema porque nos da la información léxica para saber a qué nos referimos, y -o nos dice que se trata de un único gato, y de género macho o indeterminado.

Una lengua aislante, como ya podemos ir imaginando, no va a utilizar, o va a utilizar muy pocos gramemas. Sus palabras se van a formar con la unión de morfemas, o composición, que veremos más adelante. En cambio, podemos encontrar morfemas en lenguas aglutinantes y, sobre todo, en las fusionantes.

NOTA: Los términos que usamos para referirnos a morfemas, lexemas y gramemas no son estándar. Otros autores llaman formante o monema a lo que hemos definido aquí como morfema, y morfema a lo que hemos puesto como gramema. ¡Qué lío!

OTRA NOTA: Como estamos tratando de la lengua hablada hemos dejado deliberadamente de lado los grafemas, que son los dibujos que representan un sonido.

Durante todo el artículo hemos estado hablando de cómo se forman las palabras. Hay unas cuantas maneras para formar una palabra, y las dos más importantes son la composición y la derivación. La composición consiste en juntar dos lexemas para formar un tercero, por ejemplo cejijunto pelirrojo, que sería ceja + junto y pelo + rojo.

También tenemos la derivación, que consiste en añadir un afijo al lexema, que hace de núcleo. Un buen ejemplo de derivación es postimpresionismo, que tiene el prefijo post- y el sufijo -ismo unidos al lexema impresión. Hay cuatro tipos de afijos, los prefijos, que van antes del núcleo, los sufijos que van después del núcleo, los interfijos, que se añaden entre los afijos y el núcleo (por ejemplo la s de ensanchar: en – s – anch -ar), y por último los infijos, que se añaden en el medio de la palabra. Los infijos son muy comunes en las lenguas semíticas, como el árabe.

Es importante que, cuando hablamos de formación de palabras, no nos olvidemos de los casos y las declinaciones. Sí, eso que tanto miedo da del latín, y que llevamos usando, al menos los que tenemos lenguas indoeuropeas como primera o segunda lengua, desde hace mucho tiempo. Un caso es una marca, ya sea mediante afijo, ya sea mediante preposición, que nos indica a los hablantes qué papel temático tiene la palabra dentro de la oración. Un papel temático es la función que hace. En la oración La manzana de Juan, la palabra Juan está precedida de la preposición de, por tanto sabemos que es el dueño de la manzana. Este caso es el llamado genitivo.

Como os podéis imaginar, hay muchísimos casos diferentes, y algunos de ellos son incompatibles entre sí. El español, como el catalán, es una lengua acusativa, porque usa los casos nominativo para marcar el sujeto y acusativo para marcar el objeto. Otras lenguas, como el euskera, son ergativas, porque usan los casos absolutivo y ergativo. En un futuro hablaremos sobre los casos con más profundidad, por ahora nos quedaremos con esto, y con la idea de que, en morfología, no podemos dar nada por sentado.

Hasta aquí llegamos con nuestra pequeña introducción a la morfología lingüística. Esperamos que os haya gustado y, por favor, no dudéis en dejarnos en comentarios vuestras impresiones, opiniones y también si os ha servido para aprender e interesaros en esta bonita disciplina.

Si queréis saber más, la Wikipedia es un lugar perfecto para hacerse una primera idea sobre morfología, el contenido es muy rico, variado, y uno puede adquirir los conocimientos básicos de esta rama de la lingüística. En caso de que queráis saber más, ¡no dudéis en preguntarnos!


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