Regulando lenguas en España

Hace un tiempo nos preguntábamos si la RAE es una enfermedad para la lengua castellana, y llegábamos a la conclusión de que no es la Academia Española quien dirige la lengua, sino que la responsabilidad final sobre el uso del castellano depende de los hablantes.

Esto de tener un regulador no es algo único de la lengua castellana. Eso sí, lenguas con regulador hay muy pocas comparado con el número total de lenguas. Según Ethnologue existen 7139 lenguas, aunque si vamos a la Wikipedia podemos ver que hay 122 lenguas con academia u otra organización similar que regula su uso. Es decir, menos del dos por ciento de las lenguas identificadas tienen regulador.

¿Y qué ocurre por este lugar que llamamos España? ¿Cuántas lenguas hay, y cuántas academias tenemos? Si nos fijamos en los datos de Ethnologue vemos que en España hay 32 lenguas con un número significativo de hablantes. Algunas lenguas han surgido en el territorio peninsular, y otras son de hablantes extranjeros, como el alemán, el árabe o el rumano. Sin embargo, de estas 32 lenguas solo el aragonés, el asturiano, el vasco, el catalán, el gallego, el occitano y el castellano tienen una academia oficial. ¿Y qué pasa con el resto de lenguas? Esto es otra historia, que trataremos en su momento.

Para hablar de las lenguas con academia usaremos un criterio puramente cronológico, fijándonos en su fecha de fundación. Así pues, empezamos con la academia más famosa y conocida de las lenguas citadas. De la Real Academia Española se ha escrito mucho, así que aquí haremos un pequeñísimo resumen sobre su historia y publiaciones basándonos en el anterior artículo publicado aquí y datos de la Wikipedia. Como mencionamos anteriormente, la RAE fue fundada en 1713, y desde entonces lleva aplicando su lema de limpia, fija y da esplendor a través de herramientas como el Diccionario de la lengua española (primera edición de 1780), la Ortografía de la lengua española (primera edición de 1741), la Nueva gramática de la lengua española (primera edición de 1771), el Diccionario panhispánico de dudas (primera edición de 2005), el Diccionario del estudiante (primera edición de 2005) o el Diccionario de americanismos (primera edición de 2010).

Tenemos que entrar en el siglo XX para encontrarnos con el siguiente regulador fundado y todavía en activo. Hablamos de la Real Academia Galega (RAG), fundada en 1906. Todo empezó a raíz de un artículo de Manuel Murguía de 1904, que despertó tanto interés que un año más tarde se creó la Sociedad Protectora de la Academia Gallega en La Habana. El 30 de septiembre de 1906 se fundó la RAG, con objetivos como la creación de un diccionario y una gramática. Pero pronto llegaría la competencia: debido a un parón en la actividad de la RAG se fundó en 1923 el Seminario de Estudos Galegos (1923). Este seminario tampoco tuvo mucho éxito, ya que fue desmantelado en 1936 por el régimen franquista. El franquismo no solo tumbó el SEG, sino que forzó al RAG a entrar en un período de semiclandestinidad, del que pudo sobreponerse una vez muerto el dictador, y tras el cual la RAG pudo empezar a publicar sus primeras obras en gallego (información extraída de la Wikipedia).

El siguiente regulador fundado tiene como objetivo el catalán: la Secció Filològica de l’Insitut d’Estudis Catalans (IEC). No obstante, el IEC no fue el primer regulador para esta lengua. En 1868 se propuso la creación de una Academia de la Llengua Catalana como consecuencia del la falta de consenso de los Juegos Florales celebrados el año 1863. Doce años después el Congreso Catalanista de 1880 retomó la idea gracias al entusiasmo de Àngel Guimerà. Esta academia no llegó a pasar de la primera sesión, en 1881, debido a la intransigencia de de los criterios en pugna (enciclopèdia.cat). Unos años más adelante se fundó el Institut d’Estudis Catalans, o IEC. El IEC se creó en 1907 siguiendo las corrientes europeas de promoción de la identidad cultural y, cuatro años más tarde se creó la Secció Filològica. Pompeu Fabra es una de las figuras clave de los primeros años de la Secció Filològica. Fabra, catedrático de química en Bilbao, y Alcover, presidente del IEC, logran editar unas polémicas Normes Ortogràfiques suscritas el año 1913 aunque contestadas por Àngel Guimerà y otras figuras públicas, que intentaron recuperar la Academia de la Llengua Catalana cuya única producción fueron unas Regles Otrogràfiques, el año 1916, que no consiguieron imponerse a las de Fabra y Alcover. (Estos datos provienen de la entrada anteriormente citada de enciclopèdia.cat y la Wikipedia). Sin embargo, el IEC no es el único regulador de la lengua catalana que existe en España, pero esto lo veremos más adelante (una pista: el IEC no tiene competencias sobre el catalán en la Comunidad Valenciana).

El año 1918 se creó la Sociedad de Estudios Vascos, o Eusko Ikaskuntza (EI-SEV), promovida por las diputaciones forales de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. Durante la primera junta de la EI-SEV, en Oñate, se dictaminó la creación dela Euskaltzaindia, o Real Academia de la Lengua Vasca. Esta academia fue el fruto de reclamaciones de importantes figuras de la cultura vasca del siglo XIX, junto con un clima propicio por parte de las autoridades. Su objetivo inicial fue promover estándar literario, aunque sin mucho éxito académico, al no lograrse una formulación precisa de este lenguaje. La llegada de la Guerra Civil no ayudó. Al contrario, provocó un silencio de décadas, hasta el primer congreso de posguerra, en 1956. Doce años después, en 1968, se propusieron las bases de la creación de un estándar, el Euskara Batúa, y en 1973 se propuso una conjugación verbal estándar (Wikipedia), no sin críticas (Wikipedia).

La Academia de la Llingua Asturiana (ALLA) se fundó en 1980, pero sus orígenes se remontan a 1791, cuando Jovellanos y el canónigo González de Posada establecieron el germen de un proyecto que no pudo llevarse a cabo debido al exilio del político ilustrado en Mallorca. Hubo que esperar hasta 1919 para la aparición de un primer regulador, la Real Academia Asturiana de les Artes y les Lletres, aunque no fructificó. En 1945 se volvió a intentar con la creación del Real Instituto de Estudios Asturianos, más centrado en la cultura asturiana. Así que, una vez volvió la democracia a España, en 1980 se aprobó la creación de la Academia de la Llingua Asturiana con el objetivo de normalización, regularización y promoción de la lengua. (Información relativa a la ALLA de Wikipedia).

La regulación del catalán en territorio valenciano también tiene una historia interesante. La primera academia fue la Real Acadèmia de Cultura Valenciana, (RACV), fundada en 1915 bajo el nombre de Centro de Cultura Valenciana. El año 1932 se promulgaron las Normes de Castelló, una adaptación de la gramática del catalán de Fabra a las formas valencianas. En un principio el RACV las apoyó. Pero esto cambió en 1978, cuando cambió de nombre a la Academia de Cultura Valenciana y pasó a estar controlada por el franquismo, promover el anticatalanismo y el secesionismo lingüístico. En 1979 promulgaron las Normes del Puig y rechazaron las Normes de Castelló (Todo esto de Wikipedia). Con esta situación, 1998 se creó medinate ley la Acadèmia Valenciana de la Llengua, aunque hasta 2001 no fue constituida y hasta 2006 no fue reconocida como único organismo competente para la regulación del valenciano. Desde su fundación las interferencias y tensiones con el gobierno del PP y la RACV fueron contantes. No fue hasta llegada de un gobierno de izquierdas a la Generalitat Valenciana que no se normalizó la relación entre la AVL y el gobierno autonómico, y hace nada, en julio de 2020, se firmó una colaboración entre la AVL, el IEC y la Universitat de les Illes Balears para crear una normativa unitaria entre valenciano y catalán (Wikipedia y Las Provincias).

El regulador lingüístico creado más recientemente en España es la Academia de l’Aragonés. Sin todavía tener reconocimiento explícito por el gobierno autonómico, esta academia fue creada el 2006 para establecer una base ortográfica, gramática y fonética para la lengua aragonesa con el objetivo de lograr una normalización lingüística de la lengua, sin pasar por encima de las variedades (Wikipedia).

Continuamo con el aranés, que está regido por el Conselh de la Lenga Occitana, en activo entre 1996 y 2002, y que propuso una serie normas otrográficas y orales para solucionar el desorden normativo reinante en esta lengua hablada en España, Francia e Italia (Wikipedia).

No está nada mal, la inmensa mayoría de hablantes en España tienen reguladores que supervisan sus lenguas. Gracias a ellos situaciones como el caos ortográfico se han podido solucionar, aunque a costa de poner en amenaza las variantes locales y reducir la diversidad lingüística.

BONUS:

Mientras preparábamos este artículo hemos descubierto que en 1999 se creó la Academia Canaria de la Lengua, con el fin de estudiar y describir la variedad canaria del español (Wikipedia).


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