¿Es la RAE una enfermedad para el castellano?

Hoy voy a hablaros de la RAE (Real Academia Española de la lengua). Sí, de la querida y odiada RAE. Todo el mundo ha escuchado algún comentario connotativo sobre ella: que si es machista, que si es arbitraria, que si acepta palabras malsonantes… Discursos que, sin duda, no tienen fundamentación teórica y que se alejan bastante de la realidad. Para que podáis valorarlo vosotros mismos, os voy a explicar cuándo y cómo nació la Real Academia Española y cuáles son sus objetivos con y para la lengua.

Para empezar, la RAE es antigua y eso, a priori, huele a rancio. Se fundó en el 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, inspirándose en el modelo de la Académie française que ya había sido fundada en 1634. ¿Son entonces las dos academias más vetustas que el Sol? Bueno, ambas se crearon hace ya unos siglos, pero no son sin embargo, igual de estrictas. La RAE no tiene problema en actualizar sus diccionarios. Asume que la lengua es cambiante y la academia debe reflejar el cambio. Mientras que la Académie française se aferra con uñas y dientes a sus versión original, porque considera que la lengua francesa debe conservarse como en sus orígenes. Como el objetivo de este artículo no es criticar a la academia francesa, que bastante tenemos ya con la nuestra como para meternos en otro berenjenal, os dejo un enlace a un artículo muy interesante del New York Times titulado La parálisis de los guardianes de la lengua francesa, para que le deis un par de vueltas.

Comentaba, antes de irme por las ramas, que la RAE se actualiza. Alguien podría quejarse acerca de la lentitud de estas modificaciones y seguramente tendría que darle un poco la razón. Y digo un poco porque, a pesar de que los cambios no se realizan de forma inmediata, esto tiene un motivo. La Academia debe asegurarse de que los cambios lingüísticos tienen un impacto social a tener en cuenta. ¿Qué quiere decir esto? Los diccionarios deben reflejar el uso real de la lengua en el territorio porque es una herramienta que, entre otras cosas, se utiliza para el estudio de la lengua, en este caso española. Si se realizan cambios que no son significativos para todo el territorio, el estudiante aprenderá sobre un uso irreal o idealista de la lengua. Por lo tanto, las modificaciones se estudian con detenimiento y pasan por un periodo de observación, en el que la Academia determina si se trata de un uso pasajero, de un neologismo o se integra, finalmente, en el diccionario.

Aun habiendo comprendido el mecanismo de la RAE para aceptar las palabras y añadirlas en el diccionario normativo, imagino que todavía tenéis dudas, o consideráis criticable, la aceptación de palabras como almóndiga, toballa o arremangar. En todas las entradas del diccionario normativo encontraréis unas siglas, que os indicarán hasta que punto está aceptada o no la palabra. En el caso de almóndiga, vemos que es una palabra en desuso y que se trata, actualmente, de un vulgarismo. Esto significa que la palabra almóndiga no es nueva, sino que ya existía, nuestros antepasados la utilizaban y en un momento determinado fue la manera correcta de referirse a las bolitas de carne que tanto nos gustan (a algunos). Sin embargo, en la actualidad, su uso es vulgar. ¿Está entonces la palabra aceptada para el uso estándar de la lengua? No, estuvo aceptada cuando su uso era común. Hoy en día, ha quedado reducida a un uso coloquial, no recomendable si estamos haciendo una exposición en la universidad o escribiendo un discurso para el Papa de Roma. El verbo arremangar, sí está aceptado sin especificar. Así que, cada vez que alguien llama cateto a otro por usar ese verbo demuestra que el cateto es él. Quizá es malsonante, o tiene connotaciones negativas para una parte de la población, pero en realidad, es correcta. Lo es, no porque la RAE lo acepte todo, que ya hemos visto que no, sino porque el uso es tan extendido que el verbo se ha normalizado y convertido así en norma.

Fuente: RAE

Una de las críticas más repetidas estos últimos años ha sido el machismo de la Academia. Actualmente de 46 académicos de número (es decir, que tengan carácter fijo dentro de la RAE) solo 8 son mujeres. ¿Deberíamos cambiar esta situación? Por supuesto que sí. ¿Esto denota que la RAE es machista? La sociedad es machista. España es un país machista. Y así se refleja en los altos cargos de las empresas formadas en la península. La RAE no es diferente y queda reflejada en la desproporción de la representación femenina y masculina. Pero es machista por esta situación y no por las definiciones que hay de ciertas palabras en el diccionario o por negarse a doblar en femenino todos los adjetivos.

Las definiciones que encontramos en el diccionario están relacionadas con el uso y las connotaciones que la sociedad hace de las palabras. Es muy importante que la definición coincida con el significado que los hablantes otorgan a la palabra porque, de hecho, en eso consiste describir una palabra. Si buscamos en el diccionario sexo débil la definición que encontraremos será «conjunto de las mujeres» . Es natural que como mujeres nos sintamos ofendidas ante tal definición, pero desgraciadamente su uso habitual es este. Cuando un chico dice sexo débil sabemos dos cosas: que debemos alejarnos de él porque es un poquito gilipollas y que se refiere a nosotras. De todas maneras, como comentaba antes, es muy importante fijarse en las siglas que acompañan a las definiciones. En el caso de sexo débil las siglas nos especifican que su uso es despectivo.

Fuente: RAE

En muy resumidas cuentas, la RAE está formada por académicos y una pequeña porción de académicas pero los hablantes somos los que modificamos la lengua y por lo tanto, el diccionario. De manera que si queremos que el castellano sea más feminista, debemos ser una sociedad más feminista. Si una palabra nos parece «cateta» podemos dejar de utilizarla. Tenemos una gran responsabilidad, lectores, así que os animo a que consigamos que las palabras que hagan daño dejen de usarse, para obligar a la RAE a que ponga esas siglas que dan tanto gustito y que significan desuso. Y que utilicemos más palabras bonitas como brilli-brilli y así la RAE las acepte.

Para terminar, os dejo algunas referencias bibliográficas por si queréis indagar un poco más sobre el tema:

  • El diccionario y otros productos lexicográficos, Campos Souto, M. (2003), A. M. (coord.):
    Lexicografía española. Barcelona, Ariel.
  • Presentación del Diccionario panhispánico de dudas, García de la Concha, V. (2005): http://www.rae

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