Lo que no está escrito

Autor: Rafael Reig
Comunidad autónoma: Asturias
Título: Lo que no está escrito
Género: Negra
Año de publicación: 2012
Editorial: Tusquets
¿Primera publicación?: No
Lengua de redacción: Castellano
Lengua de lectura: Castellano
Nota:
8/10

Hace tiempo que voy de drama en drama y tiro porque me toca. No me quejo, disfruto con el género: la catarsis, ya sabéis, da gustito. Pero la verdad es que después de tanta tragedia, el cuerpo me pedía un poco de “otra cosa”: humor, thriller, terror, cualquier otra cosa para no caer en el pozo depresivo de la existencia. Y ahí, en ese punto de inflexión, me encontré con la novela de Rafael Reig, Lo que no está escrito.

El conflicto se desarrolla a lo largo de un fin de semana. Carlos se lleva a su hijo, Jorge, a pasar un fin de semana a la montaña. Tanto padre como hijo están felices, o aparentemente felices, por pasar un poco de tiempo juntos. Tras el divorcio con Carmen, Carlos ha estado con su hijo en contadas ocasiones y siempre en compañía de una asistenta social. La narración nos hace viajar con Carlos y Jorge al monte; pero a la vez, nos mantiene cerca de Carmen, que en vilo, lee un manuscrito que Carlos se ha dejado en el recibidor de su casa antes de llevarse al chico. El deseo de Carlos por pasar tiempo con su hijo; el miedo de Jorge y los remordimientos de Carmen se entremezclan en una novela llena de misterio, conflictos familiares y ficción. ¿Ficción? Sí. Porque detrás de la trama principal, la que desarrolla el conflicto familiar entre Carlos, Carmen y Jorge; está la historia del manuscrito protagonizada por Antonio Riquelme. Este segundo hilo argumental sirve como pretexto para reflexionar acerca de la libertad creadora y, también, sobre la posible o obligada relación entre obra y autor.

Me resulta muy complicado hablar sobre aspectos temáticos de la novela sin hacer spoilers, así que me tomo la libertad de pasar directamente a los aspectos estilísticos (vosotros, lectores, no lo sabéis, pero me agradecéis el gesto). Rafael Reig es un artista con los focos. La obra está escrita en tercera persona, con un narrador omnisciente, y a pesar de eso, el foco cambia de manera clara en cada capítulo. Por un lado, el autor focaliza la historia en Carlos y en Jorge; por otro lado, en Carmen; y por último en Antonio Riquelme. Para darle realismo a las distintas perspectivas, el tono de la narración es completamente distinta. Cuando el foco recae sobre Carlos y Jorge, la novela toma tintes de thriller. Cuando se enfoca en Carmen, la obra es claramente de ficción contemporánea. Y cuando se enfoca en el manuscrito, en Antonio Riquelme, es negra. El cambio de estilos hace que la tensión argumental se mantenga hasta el final de la lectura y, evidentemente, la agiliza.

La obra, de manera implícita, lanza alguna que otra pregunta al lector: ¿qué es una maternidad sana? ¿Querer a un hijo es protegerlo, o enseñarle a que se proteja por sí mismo? ¿La violencia es la consecuencia de un clima social violento? ¿Los pobres son violentos por necesidad? ¿Cuál es peor: la violencia física o la psicológica?

Imagino que llegados a este punto de la reseña no entenderéis por qué le he puesto un 8 y no un 10, ¡si solo me falta lanzar flores al aire y gritar “viva”! Pues por el final, por el maldito final. Después de morderme las uñas de las dos manos, el final me resultó un poco rancio, soso. Inesperado, sí, pero insulso. De todas maneras, os recomiendo la obra: merece la pena disfrutar del estilo del autor y de los giros argumentales.


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