Jardín Gulbenkian

Autor: Juan Antonio González Iglesias
Comunidad autónoma: Castilla-León
Título: Jardín Gulbenkian
Género: Poesía
Año de publicación: 2019
Editorial: Visor
¿Primera publicación?: No
Lengua de redacción: Castellano
Lengua de lectura: Castellano
Nota:
9/10

Hoy tengo el honor de reseñar el poemario Jardín Gulbenkian, escrito por el salmantino Juan Antonio González Iglesias, ganador del XXIX Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma y del Premio de la Crítica de poesía castellana del año 2019.

Los jardines de la fundación Gulbenkian son el punto de partida para el viaje lírico en el espacio entre lo divino y lo humano que es el concepto de jardín, la serenidad fluvial de los ríos y del lenguaje, la belleza de la virilidad y el derecho, la elección, a dar un paso al lado, a abrazar el ascetismo, hogar de místicos y poetas, situados, al igual que el jardín, entre lo real y lo metafísico. Para quien no los conozca, los jardines de la fundación Gulbenkian están en Lisboa, y son parte del legado del filántropo Calouste Gulbenkian, armenio nacionalizado británico, y sobre el jardín y el mismo Gulbenkian se despliegan los poemas como si fueran pétalos de una rosa abriéndose.

Los textos que forman este libro son aparentemente sencillos, sin embargo detrás de cada uno de los versos fluye una naturalidad solo alcanzable gracias a la maestría y un conocimiento profundo de la lengua, el léxico y la prosodia, meciéndonos a los lectores como si estuviéramos cruzando un jardín edénico sobre las aguas del mismísimo río Tormes y a entretenernos contemplando el entorno vegetal mientras los versos van dibujando meandros lingüísticos con calma, mostrándonos los accidentes, las casualidades y las decisiones del poeta en lugar de atravesar perpendicularmente toda barrera interpuesta para llegar hasta un final en el que, una vez lo hemos cruzado y contemplado todo lo que tenemos que contemplar, nos deja en la inmensidad de la nada.

El poemario es una reivindicación de los jardines como lugar de meditación y autodescubrimiento y del ascetismo, la vida contemplativa y la reflexión. Esta protesta es contemporánea a la guerra constante por la atención, a la transformación del ser humano en un consumidor y a la omnipresencia de cultura prefabricada, de usar y tirar, que nos devora. En nuestros días ser un asceta, buscar la sencillez de la vida del poeta, es revolucionario. El más, más, más, constante que vivimos nos lleva a perdernos lo que hoy únicamente pueden contemplar los poetas: la belleza. Solo por esto Jardín Gulbenkian merece ser leído, pero quedarse en esto sería un error. Sus poemas son hermosos, son bellos y tranquilos, formando cada uno de ellos un pasaje del jardín que González-Iglesias ha escrito para nosotros.


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