Viveros feministas

Título: Viveros feministas
Publicación: 2019, Editorial Caligrama
Temática: Ficción / Metaliteratura
Páginas: 330
Autora: Montse Jiménez
Puntuación: 8 /10

Sinopsis: ¿Qué ha ocurrido con Héctor? ¿Quién está enviando esos escritos tan extraños a Germán Ginés y a Apolonia? ¿A través de quién nos llega esta historia? En una oficina donde un poto no deja de extenderse por las paredes, nadie se da cuenta de que Héctor ha desaparecido hasta que aparece un misterioso investigador preguntando por él. A partir de ese momento, Apolonia y Germán Ginés comienzan a recibir unos escritos muy extraños.

Cuando leí la sinopsis pensé que me encontraba frente a una novela negra. Una desaparición, textos extraños y un misterioso investigador. Pero lejos de lo que pueda parecer, Viveros feministas trata sobre la literatura y la vida. Sobre la ficción y la realidad. Y sobre la fina línea que separa ambas cosas.

La obra destaca por ser muy metafórica, prueba de ello son los nombres de los personajes que, de alguna manera, son una muestra del destino que les espera. El protagonista, que es también el narrador, se llama Germán Ginés, en honor a Hermann Hesse, el autor preferido de su madre. Su madre le abandonó cuando era niño, pero eso no ha impedido que Germán siga algunas de sus costumbres como leer y escribir. Es introvertido por naturaleza, soñador y muy reflexivo, motivo por el cual en ocasiones se comporta como un lelo. Sin quererlo ni beberlo se ve involucrado en la desaparición de Héctor, un compañero de trabajo al que nadie parece hacerle mucho caso. Para descubrir el misterio que gira alrededor de la desaparición tiene la ayuda de Apolonia. Apolonia recibe el nombre de la “solterona del pueblo” porque su madre quería que fuera monja, pero en lugar de monja, la mujer, decidió ser feminista, libre y soltera. Aparecen otros nombres importantes, como Marina, que teme el agua; Fausto, que como en el mito, también hace un pacto con el diablo, en este caso el del siglo XXI o Candela, que arde, pero acaba volando como las cenizas.

Dejando al lado los nombres de los personajes, que como comentaba, tienen una importancia crucial en el texto, la novela tiene una gran cantidad de metáforas y reflexiones sobre la vida. Se muestra como un viaje, como un camino que trazamos bifurcándose en otros muchos. Y se define como fruto del azar, tan surrealista que a veces, cuesta entenderla. De hecho, la novela, es justo así, como la vida. Las tramas se enredan, parece que nada tiene sentido, para que en la página siguiente, lo cobre. Los personajes están unidos, revueltos; llenos de absurdeces, de humor, de miedo.

La literatura es un tema muy presente en toda la obra. No solo porque el protagonista sea escritor, o porque su propio nombre evoque al de uno de los mayores escritores del S.XX. Sino porque las voces de los personajes son literarias, sus diálogos rozan lo teatral. Especialmente, los que inicia Apolonia, que es capaz de hablar sobre un tema, no sin antes narrarte un cuento o deleitarte con una comparación, una metáfora, un chiste. También, porque algunos capítulos son metaliterarios, una historia está dentro de otra, se especifica que Germán está modificando la realidad para hacerla más literaria, más hermosa, más llamativa.

En general, es una novela que recomendaría. Para leer con paciencia, asumiendo que las partes de humor y de absurdo son las que enriquecen la obra en su totalidad. Sin prisa por saber qué pasará, porque lo importante es cómo está pasando. Es una lectura pausada, con giros inesperados y con un final bien cerrado.

Para que os hagáis una idea general de novela, os dejo un diálogo que aparece casi al final del libro. Define muy bien el sentido de la obra y no contiene spoilers: 

– Nada te obliga a que sigas un camino, ni siquiera porque lo hayas trazado tú. Siempre puedes cambiarlo y volverlo a dibujar y recorrerlo de nuevo cuántas veces quieras. 

– Pero ha sido todo tan extraño, desde el principio. Nada tenía ni pies ni cabeza. Hemos dado tantas vueltas extrañas para acabar donde queríamos llegar, sin saberlo. 

– Ya te he dicho que la vida es un viaje. 


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