La vieja tigresa o el erotismo de la senectud

Título: La vieja tigresa o el erotismo de la senectud
Idioma: Castellano
Autor: Miguel Noguera
Editorial: Blackie Books
Publicación: Marzo de 2015
Etiquetas: Humor gráfico
Formato de publicación: 192 páginas
Tiempo estimado de lectura: Indeterminado
Puntuación: ω/10
Sinopsis: Retorcimiento semántico del absurdo ultraexistencial de cerebro del autor con propósito hilarante.
Lo mejor: El todo conformado por los constructos inconexos de la obra.
Lo peor: Ver “Lo mejor”.

Aquí en Amazon en una nueva edición.


Hay una pregunta inmanente a esta misma reseña que es: ¿Por qué existe esta reseña? No hay ningún motivo que lo justifique. Ninguno.

El libro La vieja tigresa o el erotismo de la senectud, hecho por Miguel Noguera, carece de sentido. Se basa en la percepción errónea de la arbitrariedad saussuriana del signo, sobre el que construye una metátesis léxicovisual cuya consecuencia es una suma cero donde el captador de la absurdez penetra en el infinito de la nada para fecundar allá un parásito destinado únicamente a infectar de paradoja la mente del lector.

O sea, la nada.

En su juego de humor posmoderno el imposible es el que crea la hilaridad: toma los lugares comunes de nuestra sociedad rota por la falta de un signifcado sólido para, armado con las armas de lo que, cuando éramos pequeños, llamábamos “paridas”, provocar una incomodidad semiótica lo suficientemente extraña como para provocar la carcajada.

Es más, esto hace tiempo que dejó de ser una reseña.

Volvamos: En esta obra, si la apreciación adquiere un matiz adecuado, hallamos concentrada la decadencia espiritual del zeitgeist que nos ha tocado vivir. Su simple existencia desafiante, apoyada en Kierkegaard, Hegel y Martín Baeza, ilustran no sólo la capacidad natural de Noguera para la parida basada en la explotación de las alteraciones semióticas, sino la crisis profunda de significado representada por la publicación de este libro.

Me invade una sensación incómoda, como reseñista, al seguir con esta farsa.

Su obra es el canto de cisne de la creatividad humana. Más allá de estos dibujos, donde hasta el error es celebrado en toda su alegría. Aquí es el ready-made humorístico, la ausencia de criterio moral o técnico el que filtra qué es digno de publicación o no, siendo únicamente el límite del papel, junto con la subjetividad del autor y la escala blanco-negro, los demiurgos trinitarios del libro.

Es el hecho de que me autocalifique como reseñista lo que me convierte en reseñista, y que yo diga que esto es una reseña lo que convierte este texto en una reseña.

El documento impreso por Blackie Books trasciende el hecho del humor gráfico en el que lo encuadra. Puede parecer humor gráfico, hace gracia. Hace reír. Sí. Me ha hecho reír. Y bastantes veces, como me puedo reír en los ultrashows del autor, aunque es el motivo de la risa, al final, no deja de ser mi propia percepción de la antinaturalidad de los constructos del libro. Me río de mí mismo, de los límites de mi mundo, cuando la torsión semiótica me sorprende.

Tampoco es humor, ni siquiera un libro, La vieja tigresa o el erotismo de la senectud.

En fin, podría seguir, pero sería quitarle la poca gracia que le queda a este chiste en forma de reseña.

Fin.


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