Por el camino de Ulectra

Autor: Martín Casariego Córdoba
Comunidad autónoma: Madrid
Título: Por el camino de Ulectra
Género: Ciencia ficción / fantasia
Año de publicación: 2013
Editorial: Anaya
¿Primera publicación?: No
Lengua de redacción: Castellano
Lengua de lectura: Castellano
Nota:
0/10

Por el camino de Ulectra la amargura, así es como debería haberse llamado en realidad esta novela juvenil. Porque es, francamente, por donde dirige al lector: por un camino cada vez más incoherente. Emile Verhaeren, poeta francés de finales del siglo XIX, ya lo decía: solo la realidad tiene derecho a ser inverosímil. El arte, nunca. Digamos que el autor de esta novela, Martín Casariego, confunde arte con realidad y el resultado es muy mejorable.

La novela empieza fuerte, en una única página, el autor nos contextualiza la historia: año 2314, la sociedad no sabe leer, la tecnología lo ha invadido todo. A pesar de que los humanos no tienen contacto con las letras, son personas altamente cualificadas porque existe un centro llamado Centro Controlador que inserta microchips a los humanos para que sean capaces de poseer conocimientos sobre temas concretos. En este mundo futurista, también ha cambiado la forma de concebir el amor y la familia. Hasta aquí, todo aceptable, abrupto, pero aceptable. El problema viene después, resulta que no toda la sociedad está a favor de haber suprimido la lectura, hay dos investigadores que están intentando conseguir la manera de revivirla. Saben que corren peligro, porque evidentemente, el Centro Controlador no acepta a personas que desestabilicen el sistema social. Así que consiguen unos cuantos aliados y preparan una serie de pistas para que Glaster, hija de la investigadora; y Miguel, hijo del investigador, consigan terminar la misión que ellos no podrán terminar. Aquí está donde empieza el problema: los padres se mueren al cabo de tres páginas, los niños, que solo tienen quince años, no muestran ninguna preocupación por su muerte y de pronto, sienten la imperiosa necesidad de recorrer los diferentes planetas en una nave espacial para terminar una misión cuyo fin les importan un pimiento. Porque a ellos, la verdad, la acción de leer nunca les ha llamado la atención.

Las incoherencias no terminan aquí. Glaster y Miguel emprenden el camino a Ulectra. Les ayudará un aliado, apodado como Flecha, que hace un poco de la voz pensante, ya que es el mayor de los tres. Como cabe esperar, durante el trayecto les aparecen una serie de dificultades que deben superar para conseguir su objetivo. Esta serie de dificultades se resuelven en menos de una página y a través de unos Deux ex machina que hacen llorar al propio Dios. A las aventurillas, que no aportan ni una pizca de tensión, se les suman diálogos superfluos que, además, son totalmente surrealistas e infantiles. Más que un par de adolescentes hablando parecen dos niños de tres años jugando a decirse lo mucho que se gustan.

Porque sí, en esta novela no solo hay aventura y crítica hacia las nuevas tecnologías, también hay amor. Un amor que roza lo absurdo y que en algunas ocasiones la pederastia. Miguel está enamorado de Glaster y Glaster de Miguel; tienen conversaciones muy estúpidas y hablan sobre el amor como si fueran dos criaturas, al más estilo: ¿Quieres ser mi novia? ¿No? Pues me enfado. Venga va, sé mi novia, porfi. Vale, va, somos novios. Pero es que la cosa no se queda aquí, resulta que Flecha también está enamorado de Glaster y que Flecha, aunque aparente ser un adolescente porque se toma pastillas para parecerlo, tiene 74 años. Repito: 74 años. En la novela se justifica el sentimiento. De hecho, en la página 81, el propio Flecha dice: No soy un viejo verde, sino una desdichada víctima del amor. Soy la prueba viviente de que un anciano se puede enamorar como un adolescente. Pero en lo mío no hay nada carnal, me contento con admirar su belleza, su honestidad y su inocencia. No, autor, querido, has creado a un viejo verde; que, además, cinco páginas más tarde le pide a Glaster tener una relación. Por suerte, ella lo rechaza, así lo explica Flecha en la página 86: Está muy centrada en llegar a Ulectra, no quiere ni oír hablar de amor, ni siquiera platónico y otoñal. Un señor declarándose a una niña de 15 y resulta que a eso se le llama amor platónico y otoñal.

¿Por qué este libro ha ganado un Premio Anaya de literatura infantil y juvenil? Pues porque este señor nació en el seno de una familia de artistas consagrados en este país. Es hijo Pedro Casariego Hernández- Vaquero un conocido arquitecto español que hizo, por ejemplo: la sede social de Assicurazioni Generali, en el Paseo de la Castellana de Madrid; la Torre Windsor de Madrid, entre otras. Nacer en una familia conocida otorga unos derechos, como escribir estas novelas y que te las premien. Ahora, seguro que también se la premiarían, Martín Casariego es concejal del ayuntamiento de Madrid. ¿Ya lo vais pillando todo verdad?


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