Todo bajo el Sol

Autora: Ana Penyas
Comunidad autónoma: Com. Valenciana
Título: Todo bajo el Sol
Género: Novela gráfica
Año de publicación: 2021
Editorial: Salamandra
¿Primera publicación?: No
Lengua de redacción: Castellano / Valenciano
Lengua de lectura: Castellano / Valenciano
Nota:
8.5/10

La historia es un rollo, debe de ser una de las frases más repetidas en el Instituto. Hasta yo, que me gustan más los cuentos que a una niña un caramelo, me he quejado alguna que otra vez por tener que estudiar la historia de España. En el libro de texto, la historia de nuestro país nos parece lejana, impropia; y más en un mundo dominado por internet donde una canción de hace dos semanas es “antigua” y el vídeo viral es el que se grabó hace una hora y media. En este contexto, hasta la infancia de nuestros abuelos nos parece algo vetusto.

Ana Penyas es, quizá, una de las mejores opciones literarias para introducir a los jóvenes, y no tan jóvenes, en la historia contemporánea desde una perspectiva social. Las novelas gráficas de Ana Penyas son un documental ficcionado de las distintas etapas históricas de la península. En Estamos todas bien, la autora nos proporcionaba una pequeña dosis de realidad histórica a través de las experiencias de sus abuelas, Maruja y Herminia. Y en En transición, obra conjunta con Alberto Haller, nos hacia una repaso del último siglo de España desde una perspectiva obrera, social y de izquierdas.

En el caso de Todo bajo el Sol, Penyas nos presenta el panorama social y económico desde el año 1969 hasta el 2017. Lo hace con ayuda de la familia que forman Amparo, natural de la Comunidad Valenciana, y Alfonso, de Extremadura.

En el primer capítulo, dedicado al año 1969, vemos pequeñas dosis de la España Franquista. Como he comentado antes, la autora no se centra en los aspectos políticos de estas épocas, sino que las muestra a través de los ojos de los ciudadanos. En este apartado vemos, por ejemplo, como Alfonso se marcha a la Comunidad Valenciana en busca de trabajo. Encuentra un puesto de trabajo en un hotel. A través de su experiencia laboral, descubrimos la realidad de Extremadura, cada vez más vacía y con menos oportunidades laborales, y la de la Com. Valenciana, con bastante oferta turística. En el segundo capítulo, la autora se centra en el año 1987, una época donde predomina el turismo. En este apartado, tenemos la oportunidad de descubrir la actitud de los turistas que venían al país, a un país, no lo olvidemos, dirigido por un dictador. El tercer capítulo se contextualiza en el año 1996, dominado por la fiesta y las drogas. Amparo y Alfonso, dejan de tener el protagonismo de la historia, ahora son sus hijos los que nos conducen por discotecas, descampados y aparcamientos. El cuarto capítulo está centrado en el año 2000 y el siguiente en el 2006. En este periodo de seis años, nos encontramos con la crisis económica: sus causas y sus consecuencias. Los hijos de Amparo y Alfonso tienen dificultades para hacerse un hueco en el mundo laboral y ven como, poco a poco, los pueblos de sus abuelos se quedan desangelados. La juventud emigra a las ciudades en busca de oportunidades y la España rural se vacía a gran velocidad. En el último capítulo, centrado en el año 2017, nos encontramos con la España de la masificación inmobiliaria y turística: los vecinos se ven obligados a marcharse a las afueras.

Tres generaciones marcadas por una historia cíclica, afectada por las crisis económicas y la obsesión de España por convertirse en un país atractivo para el turista e inhabitable para los ciudadanos. Aquí no queda la reflexión, Ana Penyas, tan delicada como siempre, menciona la historia que contienen los objetos del hogar, los souvenirs, esos detalles que esconden vida y que están presentes en gran parte de sus ilustraciones. Os dejo con su reflexión, no sin antes recomendaros la lectura de esta obra, tan íntima, tan crítica y tan interesante.

«Durante toda la historia de la humanidad, y de manera transicional e intergeneracional, hemos acumulado objetos y hemos convivido con ellos, formando una suerte de identidad tan personal como masificada.

Los objetos domésticos contienen vidas, encierran afectos, desencuentros, memorias, secretos vinculados a nuestras historias de vida. Pero, al mismo tiempo, nos hablan de lo anónimo, del cuerpo colectivo, reflejando los imaginarios y deseos de una sociedad que se representa a si misma desde lo privado. Los objetos del universo doméstico, al igual que las personas que comparten hábitat con ellos, hablan en primera persona de forma silenciosa, componiendo un paisaje colectivo de arqueología social. »

Todo bajo el Sol, Ana Penyas


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