La pendantería literaria

San Valentín, el día del amor. Seguro que habéis visto ya una docena, si no más, de blogs donde os recomiendan lecturas romanticonas. Hasta yo, que tengo una librería infantil, he puesto corazoncitos colgando del escaparate y me he animado a seleccionar cuentos que tratan sobre el amor. Apetece un poco de dulzura, un poco de diabetes literaria tras tantos confinamientos, malas caras, crisis económicas y sanitarias. Cuando la rutina es gris, tenemos que encontrar formas de pintarla de colores, si no nos volveríamos locos. Y consumir literatura que habla de amor, es un poco como ponerte una tirita: no cura, pero te protege un poco del dolor.

Igual que hay blogs que llevan hablando de literatura romántica desde que terminó la campaña navideña, hay otros que se dedican efusivamente a desprestigiar el género. El romántico en particular, pero también el género en general: la novela negra, la de ciencia ficción, el thriller. De eso quiero hablaros hoy: de la pedantería literaria.

El origen del género romántico

En la antigua Grecia y Roma ya se hacían obras de teatro románticas: protagonizadas por parejas que viven mil peripecias hasta poder estar juntos. El romance también es muy popular en la tradición oral. El amor, de hecho, es un sentimiento inherente a las personas. Todos amamos a alguien y recibimos el amor de alguien, así que no es de extrañar que haya miles de historias románticas desde el inicio de los tiempos. Fijar una fecha es complicado, pero hay especialistas del mundillo literario que han considerado que la primera novela romántica de la historia se data en el año 1740. Se trata de Pamela de Samuel Richardson.

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Si leemos esta novela desde la perspectiva contemporánea, más que una novela romántica, nos parecería la novela de un antiamor. A modo resumen, Pamela, la protagonista de la historia es una muchacha de clase baja que es secuestrada por el señor para el que trabaja, el Señor B. Pamela termina casándose con su secuestrador. Este hecho se justifica porque de alguna manera, consigue reformarlo, convertirlo en un marido respetable, en un hombre mejor.

¿La novela romántica es machista?

Acabo de decir que si leemos la novela de Pamela desde la óptica contemporánea, nos parecería todo lo contrario a una novela romántica. Pero en realidad, si pensamos un poco, seguro que nos vienen un montón de novelas contemporáneas con tramas similares. Se me ocurre una trilogía, con la que se hicieron un par de películas: Cincuenta sombras de Grey, donde la protagonista depende totalmente de su amado. Él decide el tipo de sexo que tienen, la ropa que se pone e incluso las actividades que hará en su tiempo libre. Fíjate que además, también es su jefe y también es rico. El poder económico y su posición social le hace desde el principio tener ventajas sobre ella. ¿Pero todas las novelas románticas hablan de amor entre un hombre y una mujer? ¿Todas equiparan al amor con la posesión? ¿Y en todas aparece una situación de desigualdad de poder? Por supuesto que no.

Desde hace muchos años se publican novelas románticas donde la pareja no es heterosexual. Para ser más concretos en el año 1924 se publicó la primera novela en español que trataba abiertamente la homosexualidad, Pasión y muerte del escritor chileno Augusto D’Halmar, y desde entonces se han publicado otras muchas. Spoiler no tan spoiler: hay pasión y muerte. Vaya que acaba mal.

En cuanto a la posesión, falta mucho trabajo por hacer. Si la sociedad es machista, está claro que hay una tendencia a reflejar comportamientos machistas en la literatura. También es cierto que no todas las novelas románticas equiparan amor con posesión. De hecho, yo misma reseñé una novela romántica, altamente recomendable, que habla de un amor muy sanote: Música para feos, Lorenzo Silva.

Y la desigualdad de poder es un tópico, pero cada vez hay más autores que intentan romperlo. De hecho, hace un par de años reseñé en este mismo blog Mis poderes y tus polvos mágicos de García de Saura, una novela romántico erótica muy divertida con personajes que no se encuentran en desigualdad y que, además, priorizan el intelecto a la superficialidad.

¿La novela romántica es literatura de segunda?

Ya estamos llegando al quid de la cuestión. La literatura de primera y de segunda. ¿Existe o es una invención de la academia? En mi opinión es una invención de los lectores pedantes que, claro está, leen literatura de primera.

La novela de género suele seguir una estructura argumental concreta. En el caso de la novela romántica podríamos decir que, a grandes rasgos, es la siguiente: X se enamora de Y, Y se enamora de X, parece que va a florecer el amor pero entonces aparece un problema, que habitualmente es un malentendido y que se resuelve con relativa facilidad. Los personajes también acostumbran tener un perfil concreto: los protagonistas son dulces, inteligentes, altruistas, vaya, un partidazo, los antagonistas, seres despreciables. Se nota a leguas quién es el bueno y quién es el malo. Porque sí, suele haber buenos y malos. Si os fijáis, utilizo verbos como «acostumbrar» y «soler» porque no se trata de realidades absolutas. Las novelas de género acostumbran, suelen, tener una estructura y unos personajes concretos. Una fórmula que, cuando la aplicamos, convierte una historia en género. Pero no siempre es así: la originalidad en literatura es un bien escaso, pero se puede encontrar. Y alerta, porque estoy hablando de la originalidad en literatura, en literatura general, no en el género. ¿O es que acaso las novelas de ficción son mucho más originales que las de género? ¿No es cierto que se publica cada vez más autoficción? ¿No tiene también la autoficción una fórmula muy concreta?

En mi opinión, porque al final este artículo va de eso, de opinar: el género suele clasificarse como literatura de segunda por los snobs que presumen leer solo autores consagrados. Por esos pocos lectores que consideran que leer es un sacrificio del que alardear. Me he leído un libro de quinientas páginas en occitano que trata sobre la sombra que emite una hoja hasta que cae al suelo. Mil horas de lectura sufrida.

La literatura está para disfrutarla. Y está genial leer ficción, os lo dice una lectora que consume mucha ficción, pero también está muy bien perderse entre las páginas de una novela romántica. Y, por qué no, fantasear un poco con que eres esa protagonista a la que le traen un ramo de flores a casa, aunque sepas perfectamente que lo primero que harías con un ramo sería matarlo, porque lo de cuidar las plantas se te da regular.

La pedantería literaria o el cuñadismo literario. Una enfermedad para la literatura.


2 respuestas a “La pendantería literaria

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