Hoy no hay reseña

Hoy no hay reseña. He levantado la vista de los libros y he visto, más allá de mis manos, papel cosido y letras impresas, mi propia sombra. Tengo el sol a mis espaldas, estoy sentado en una azotea y mi sombra sigue siendo la misma que ha sido siempre. Sin embargo, mientras miraba mi sombra he visto la diferencia. Ahora esa sombra refleja la silueta de alguien que reseña libros.

Los libros te construyen. Cada historia pasa a formar parte de ti. Da igual que sea buena, que sea mala. Da igual que la olvides en cuanto la termines. Ese tiempo que diste a un libro, a todos los libros, fue a cambio de algo.

Leer no sale gratis. Algunas veces cuesta dinero. En todas las ocasiones cuesta tiempo. A cambio leer te cambia. ¿Cómo quieres llamarlo? Cicatriz, arruga en el alma, experiencia, conocimiento. Siéntete libre de elegir el término que más encaje contigo.

Todos leemos. Obvio, este texto está escrito. Ahora mismo, mientras lees esto tu vida pasa y estás cambiando. Te invito a reflexionar sobre la importancia de la lectura con esta lectura. ¿Por qué lees? ¿Por qué eliges ese libro y no otro?

Todavía recuerdo el libro que más me marcó en mi infancia. Fue El Señor de los Anillos. Oh, tópico, diréis. Muchas personas de muchas generaciones han leído El Señor de los Anillos cuando eran niños y les ha cambiado la vida. En mi caso ese libro supuso descubrir el inabarcable poder de la ficción. Su clave: la verosimilitud. El libro era creíble. Demasiado creíble, y durante años pasé más tiempo en la Tierra Media que no en el colegio, en casa, en la naturaleza.

Ese libro me marcó y hoy soy quien soy, en parte, gracias a él.

Sé, también, que nunca podría reseñarlo. Hay mucho de El Señor de los Anillos en mí. A veces soy muy hobbit y busco un agujero en el que meterme. Otras veces me creo elfo noldo y durante pasajes de mi historia personal he sido un orco más de las llanuras putrefactas de Mordor. En cierta manera, El Señor de los Anillos es mi padre. Mi mentor. Su lectura, la primera vez que lo leí, fue fundacional.

Vosotros habréis tenido otros libros fundacionales. Ese libro por el que seguisteis leyendo, por el que, a día de hoy, dedicáis las pocas horas de sueño que os quedan libres a aplastar las sábanas mientras os resistís a reconocer que leer por tercera vez la misma página significa que es mejor dormir.

Esos libros no cuentan. Esos libros somos nosotros. Podríamos convertirnos en hombres libro, vagar a las afueras de la ciudad destruida envuelta en llamas a 451 grados Fahrenheit y ser felices porque podemos repetir sin pestañear el pasaje grabado en Lengua Negra dentro de un humilde anillo calentado al fuego.

¿Y los otros? ¿Qué pasa con los otros? Los leemos y los reseñamos. Es lo que hacemos aquí, en Leemergence. Leemos y reseñamos porque un libro, en su momento, nos absorbió, nos machacó, y cuando quiso terminar con nosotros, cuando estuvimos completos en una nueva forma embrionaria, nos parió. Sin embargo, más allá de esto, ¿por qué lo hacemos? ¿por qué seguimos reseñando después de tantos años?

La respuesta es simple: porque nos mola. Porque aprendemos, y aprender nos mola. Porque disfrutamos, y disfrutar también nos mola. Porque, a veces, nos enfadamos y nos frustramos leyendo libros que no sabemos por qué existen o por qué están ocupando el espacio de otros libros, y ese enfado también nos mola.

Leer algo que no sea una pantalla de móvil, un muro digital, es de raros. No me malinterpretéis. Digo raro como especial, diferente. Algo único. A veces uno pierde la perspectiva del significado de leer, lo que supone elegir dejar de lado todos los estímulos que buscan robar nuestra atención para entregárselo a un texto escrito a saber cuándo por a saber quién y cuyo fin está en que disfrutes de la historia o que conozcas una idea nueva. Nada de retenerte dentro de una plataforma para robar tus datos y convertirte en la trituradora de basura del consumo, o de transferir tu dinero a las cuentas corrientes de gente que en la vida vas a conocer a cambio de ponerte algún archivo multimedia que se consume con el piloto automático puesto. No. Leer un libro es un fin por sí mismo. Y eso no sale gratis. Leer te da más de lo que te quita.

Por eso es por lo que leemos y por lo que reseñamos.


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